viernes, 20 de mayo de 2011

El correlato objetivo


Campo de lavanda en Sault (Provenza)


En el mundo de la literatura, en el que intervienen realidades no siempre incontrastables, sino muchas veces mudables caprichos e innovaciones cortadas a la medida de la tantas veces inclasificable sensibilidad de los poetas, con su prurito de contradicción, sostener una teoría, defender una novedad, un recurso, un truco técnico, es, por encima del asentimiento más o menos rendido a una feliz expresión, o la entrega a una figura sugestiva, admirada, reconocer que la citada idea tiene mucho que ver con otras parecidas, sin que a menudo sea posible precisar su contorno, sus límites.

Viene todo esto a cuento del correlato objetivo. Los simbolistas franceses, nombre obliga, prestaron gran atención al símbolo, e hicieron pivotar sobre él su poesía. Luego, Hulme y Pound, americanos trasterrados en Europa, dieron un paso más al reivindicar la imagen, y de ahí el imagismo, breve movimiento en el que conmilitaron, entre otros, Richard Aldington y Hilda Doolittle. Aunque Eliot no formó parte del imagismo, empleó un recurso parecido al de los simbolistas, que llamó correlato objetivo.

El término fue usado por primera vez, hacia 1840, por el poeta y pintor estadounidense Washington Allston en el prólogo de sus Lectures on Art.

Eliot escribió en “Hamlet y sus problemas”: «La única manera de expresar la emoción en forma de arte es encontrando un "correlato objetivo"; dicho de otro modo, un grupo de objetos, una situación, una cadena de acontecimientos que habrán de ser la fórmula de esa emoción concreta; de modo que cuando los hechos externos, que deben terminar en una experiencia sensorial, se den, se evoque inmediatemente la emoción (...) La inevitabilidad artística radica en esta adecuación completa de lo externo a la emoción.»

Un correlato objetivo es una situación, un objeto o un suceso que actúa como correlato de las emociones del poeta.

En la poesía en lengua inglesa, buenos ejemplos de correlato objetivo (uno anterior y otro posterior a Eliot) son “La playa de Dover” de Mathew Arnold y “Vacaciones a mitad del trimestre”, de Seamus Heaney.

En su estudio “«Cántico»: el mundo y la poesía de Jorge Guillén”, Jaime Gil de Biedma escribió:

“En arte -escribió Eliot hace bastantes años, en un ensayo famoso- el único medio de expresar una emoción consiste en el hallazgo de un “correlato objetivo”, esto es, de un juego de objetos, una situación o una secuencia de acontecimientos que constituyen la fórmula de esa particular emoción; de tal modo que cuando los hechos externos, que deben terminar en una experiencia sensible, son dados, la emoción es inmediatamente evocada.» Eliot podría haber añadido que, en el poeta por vocación y oficio, no sólo la expresión de la emoción depende del hallazgo de un correlato objetivo, sino también, y muy a menudo, el que se ponga a intentar expresarla; es decir, que es el previo descubrimiento de ese correlato quien pone en marcha el mecanismo de la actividad poética consciente.”

Y Luis Cernuda, buen lector de Eliot y poeta que tanto influyó en Gil de Biedma, rememoró en 1958 en “Historial de un libro”:

"Quería yo hallar en poesía el «equivalente correlativo» para lo que experimentaba, por ejemplo, al ver a una criatura hermosa [...] o al oír un aire de jazz. Ambas experiencias, de la vista y del oído, se clavaban en mí dolorosamente a fuerza de intensidad, y ya comenzaba a entrever que una manera de satisfacerlas, exorcizándolas, sería la de darles expresión; mas, inhábil para conseguirlo, sus ecos me perseguían con una advertencia dramática: el tiempo aquel que yo vivía era el mío, el único de que dispondría, y yo no sabía gozarlo, ni tampoco decir en poesía esa urgencia de todo el ser."


Iba juntando yo estas líneas sobre el "correlato objetivo" cuando reparé en que sólo dos días antes había compuesto este poema, que me parece que constituye un ejemplo del recurso y parte de esa emoción a la que se refería Gil de Biedma:



LA LAVANDA


De repente, en hileras

los tallos verdes

de una parcela a la orilla del tren;


la nostalgia hace el resto,

los colorea,

y no voy adonde voy, sino que vuelvo

a la lavanda en Vaucluse.


Y regresa el aroma,

no de ellos, sino de olerla juntos,

durante aquel viaje, tú y yo.



2 comentarios:

Carlos Medrano dijo...

El poema es hermoso y logrado: una de las razones por las que visito este blog con la conciencia de encontrar de vez en cuando estos hallazgos creativos. Hay una alusión justa, que sorprende en la pulcritud de esas palabras dichas con contención o como el que con liviandad sabe abrir la fuerza y emoción de esa experiencia. Qué maravilla sería lograrla siempre, pero qué bien al menos encontrarla delante.

Gracias por esa reflexión, pero qué suerte que culmine con el poema, al menos este.

Sara dijo...

Suscribo el comentario de Carlos Medrano. Para tus lectores, es todo un lujo que sigas ahí, Antonio, obsequiándonos con entradas como ésta. Un abrazo.