
Me decía hace año y medio en México el objeto de "Poemas para un cuerpo", ese postrer ciclo amoroso de Cernuda, que las cartas que tenía de éste se perdieron en el terremoto que sacudió el D.F. en 1985, cundo él vivía en la colonia Roma, una de las más afectadas por el temblor.
Estos días he tenido ocasión de ver numerosos carteles de prevención de terremotos, o sismos, como allí los llaman (seísmo es palabra que en España ha circulado hasta hace poco).
Y en la librería El Péndulo de la Condesa (avda. Nuevo León), descubrí hace unos días el más reciente libro de Juan Villoro, (8,8: El miedo en el espejo), donde relata su ordalía en el más reciente terremoto de Chile. Villoro lo escribió antes del último gran japonés que provocó el tsunami y la crisis nuclear que últimamente parece haber quedado postergada en los noticiarios. También antes que el de Lorca, en Murcia, de hace muy pocas semanas.
El pasado sábado escribí este poema en el aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México. Fue una idea que se me impuso, como en todo poema verdadero. Y aquí lo copio, deseando por los amigos mexicanos que nunca se haga realidad:
TERREMOTO EN EL AIRE
Has embarcado en el avión,
dispones tus cuadernos y la manta,
la almohada que emerge de su bolsa
como el sueño del día y del cansancio.
Si ahora un terremoto desgajase
esta tierra feroz que te despide,
si justo cuando el ala, y su gemela,
al alzar el vuelo acuchillaran
la engañosa paz, y la pista
trozos se hiciera como seres que aman,
¿qué quedaría de esta semana,
de las horas de plática y tequila
y acentos cantarines, como un coro
de veintidós millones de habitantes?
Trizas sin trazas, un sueño
borrado al despertar, como la tierra
que abajo queda entre sus nubes
blancas sobre otras de escombros.
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