sábado, 18 de junio de 2011

Bloomsday 2011




No pude estar este año en Sevilla para la celebración del Bloomsday, como suelo. Me fui esa misma tarde a Madrid a la celebración privada que su excelencia el embajador de Irlanda, Justin Harman, daba junto a su esposa doña Carmen Casey en su residencia de la capital, en un palacete del barrio de Salamanca. Pero cambiemos el tono, porque parece que esto es una crónica de sociedad con comparecencia de marquesas y duques estirados y sin embargo la ocasión, y uno mismo, no pueden ser más republicanos y tricolores, como recordaba la bandera desde su asta en el jardín, a la que escoltaba otra europea, también con el azul y las estrellas tan evocadoras de James Connolly y las vísperas de 1916.
El programa consistía en la lectura dramatizada de una selección de pasajes de Ulises bajo la dirección del actor y director teatral Denis Rafter, a quien acompañó un elenco formado por César Diéguez, José María Rueda, Alejandra Torray y Raquel Torres. Las cabelleras de todos no podían ser más irlandesas: las sucintas de ellos, negras; pelirrojas las de ellas, en cascada o recogida. La joven Jane Feighery, rubia hada que trabaja para la oficina de alimentos irlandeses Bord Bia, les acompañó al violín en los tránsitos de unas intervenciones a otras, y la noche fue hermosa y memorable no sólo por los párrafos de Ulises sino también por las piezas tradicionales del repertorio irlandés que tan bien conocía Joyce, como la bellísima "The Last Rose of Summer" de Thomas Moore, muy bien ejecutada aquí por la intérprete, o también, del mismo autor, "The Minstrel Boy", "The Meeting of the Waters" o la muy delicada "Oft in the Stilly Night", que los lectores de mi traducción de Nadan dos chicos de Jamie O'Neill recordarán que se cantaba en algunas de sus páginas.
Estaban los poetas John Liddy y Beatiz Villacañas, y profesores y cronistas de teatro y un personal variopinto y multinacional. Yo compartí un buen rato con Ian Gibson, con quien me une el trabajar el género de la biografía e ir olvidando cada uno a su ritmo la lengua irlandesa, por no hablar de otra cosa que vincula entre caballeros de nuestro abolengo, y mucho: ir juntos a almorzar con el rey de los españoles y la presidenta nuestra. Luego nos fuimos hablando de la London Review of Books y de ornitología, de Cernuda y Buñuel, hacia la calle Velázquez.
Echamos de menos a la lectora Marilyn Monroe en su traje de baño, pero dimos buena cuenta del salmón irlandés en platos con el arpa dorada y de botellas especiales de Jameson, "the best Irish whiskey, I am told", señaló el embajador.
James Joyce fue un gran amante de la música, e incluso compuso un aria, rareza que se puede disfrutar aquí, en este enlace que guarda la melancolía de recordar tan magnífica noche como la del jueves: el sueño (del Liffey y no del Avon), el sueño, digo, de una noche de verano.



2 comentarios:

isbelle dijo...

j´aime beaucoup vos traductions: surtout celle des Sonnets de Shakespeare. Happy Bloomsday today! J´admire beaucoup aussi l´oeuvre de Joyce et je suis spécialement interressée à son étape parisienne

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Merci, gracias, thank you, Isbell!