jueves, 23 de junio de 2011

Córdoba




Dentro de un rato tomaré el tren a Córdoba, donde a las ocho y media de la tarde presentaré en la calle Capitulares el segundo tomo de la biografía cernudiana, en la que última escala de la deriva promocional. En el acto leerá algún poema del sevillano el cordobés Pablo García Baena, memoria viva de Cántico y de aquel homenaje de 1955 al autor de La realidad y el deseo. Para Pablo, estos versos que escribí la otra tarde pensando en él y en su ciudad.

CÓRDOBA


Para Pablo García Baena


Fustes y capiteles soterrados,

arcos de herradura por el aire,

todo resuelto en espiral de gozo

en caluroso hipérbaton que exuda,

ora oriental como un gong,

ora cristiano, adusto como Góngora,

mítico y mitológico,

fluvial y con efluvios de jazmines.


Córdoba no es la mole tras su puente,

ni siquiera el recogimiento en la sinagoga.

Son unos versos, y unos ecos de versos

o pisadas muy lentas por la calle de Armas.


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