viernes, 3 de junio de 2011

Librerías de México (I)


Librería El Péndulo de Polanco



Dejemos para otra ocasión los establecimientos de la calle Donceles, junto al Zócalo, con sus libros de viejo y de segunda mano, con fondos interesantes pero que -me dicen- ya no son ni sombra de lo que eran tras su paso por ellos del poeta, editor y librero Abelardo Linares, gran lector y recolector (dizque del lector que se pierde por los recovecos de estas librerías y sale cargado de hallazgos), y José María Conget, que también arrampló en sus viajes con centenares de ejemplares valiosos para la biblioteca del Instituto Cervantes en Nueva York.
Centrémonos en esta ocasión en las librerías de nuevo, en las recorridas en este o en un anterior periplo mexicano.
Fondo de Cultura Económica tiene varias librerías en la ciudad de México (más otras repartidas por los estados y en el extranjero); de la Rosario Castellanos en el Centro Cultural Bella Época guardo muy buen recuerdo, aunque la última vez que acudí a ella no pudiera hacer uso del wifi tras varios intentos. ¿Pero quién quiere internet cuando le rodea tal exuberancia de libros?
Está en la esquina de Tamaulipas y Benjamín Hill, en la Condesa, y en esta ocasión a sólo seis o siete cuadras de mi hotel en la calle Culiacán. Toda una tentación. Sin embargo, lo que más compré fueron revistas, entre otras Luvina, de la Universidad de Guadalajara. Libros, el ensayo México: visitar el sueño, de Philippe Ollé-Laprune (Fondo de Cultura Económica), y el libro de poesía juguetona y visual ¿Con qué rima tima? de Alejandro Magallanes (Almadía).
Más cerca, en Nuevo León, tenía una de las sucursales de El Péndulo. No es tan espectacular como la de Polanco (que fue elegida por el periódico The Guardian como una de las más bellas del mundo), la cual visité la vez anterior en la calle Alexandre Dumas. Se diría que aquella zona de la ciudad merecía tener una librería hermosa que estuviera en consonancia con los nombres de las calles, todos de escritores (Verónica Flores, la encantadora editora de Tusquets, me dijo que las oficinas de la editorial estuvieron un tiempo por aquella zona, en la calle Edgar Allan Poe, ahí es nada).
El Péndulo tiene cafetería y restaurante, y de ese concepto híbrido que lo mixtura con la letra impresa, también su apelación de "cafebrería", como a sí misma se denomina. En la sucursal de Nuevo León he cenado un par de veces, escogiendo de una carta en que las especialidades adoptan nombres de escritores famosos. El fondo de El Péndulo está muy bien escogido y, además de las secciones habituales, destacaría la muy bien surtida de estudios literarios, algo que comienza a flojear en las librerías españolas, donde ese nuevo tótem, la rotación, impone el destierro a libros de más morosa venta y que apelan a un sector reducido de la clientela (pero que suele ser fiel en la visita y una y otra vez reincidente en la compra). Dispone también esta tienda de una buena sección de libros usados en excelente estado (nada que ver con el polvo y los ácaros de otros comercios del ramo). De lo adquirido en El Péndulo, donde vi algunos libros míos o traducidos por mí, zarandeado por el estupor de hallar en ultramar los desvaríos propios, destacaría el fino volumen que reúne toda la poesía del recientemente desaparecido Alí Chumacero, de quien alguien con quien compartí la última jornada en México me narró una hermosa, traviesa y secreta anécdota que, naturalmente, no voy a contar aquí.

(continuará)


2 comentarios:

sergio astorga dijo...

Antonio, excelente, me has colmado de nostalgia.

Abrazos libreros.
Sergio Astorga

Armando Sosa dijo...

La zona de la colonia Condesa en México, es excelente. Bellísima.