viernes, 2 de septiembre de 2011

Edward Thomas





Edward Thomas fotografiado por su hijo Merfyn meses antes de morir



EDWARD THOMAS (1878-1917)


Remembering again that I shall die

E. T.


Cuántos murieron gaseados,

cuántos por metralla o por gangrena,

la bayoneta o los fusiles

y las mentiras de otros.

De todas las muertes, la más limpia

fue la del poeta de la lluvia y los pájaros.


En plena victoria sobre los alemanes

salió de la trinchera de su batería

para, de otra forma artillero,

aplicar la llama a la cazoleta:

tabaco de Virginia ante la pólvora

como frágil muralla de la dicha,

volutas entre vastas humaredas.


Un cañonazo pasó tan cerca

que, confiado,

el obús se olvidó de atravesarlo.

Aunque no hallaron sangre en la guerrera

ni encontraron heridas en su cuerpo,

el corazón no supo resistirlo.

Diligente, se paró

al rozarlo la muerte.


En el frente de Arras cayó Edward Thomas.

A su lado la pipa, su humo aún

luchando contra el humo del incendio

que devoraba el mundo


como una brizna a la que engulle el bosque.


2 comentarios:

Ben Clark dijo...

Fantástico homenaje a un gran poeta y, también, a una muerte extraña. Es cierto; no encontraron ni una sola herida. Unas pocas horas antes el obús que tenía que haber matado a Thomas aterrizó a unos pocos metros sin estallar. Después de aquello algunos soldados comentaron que era bueno tener a un tipo como Thomas cerca, un tipo con suerte. Buen poema.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias, Ben, y enhorabuena por la traducción de la Poesía completa de Thomas en Linteo, que he comenzado a leer y gozar. Un abrazo.