viernes, 26 de agosto de 2011

Esta mañana en la biblioteca




LOS CISNES SALVAJES


Esa chica de espaldas,

su melena que confundiría al ebanista

con sus vetas contra los paneles del fondo

peinados como ella, sus fustes

de columnas corintias.


No veo su rostro, pero podría

imaginarlo a partir de las páginas

que bajan la pantalla de su portátil.


Debe de haber abierto la boca:

se despereza.

Las nueve y cuarto en un reloj

que aletea,

no como la otra circunferencia

que preside la sala, lentísima.


Sus manos y muñecas son cisnes

como los que, abajo, en la cripta

vuelan en un libro de Yeats.


La piel tan blanca, las plumas,

surcan el aire un instante

y de nuevo desaparecen,

como en un lago que no veo,

en el teclado.


1 comentario:

rubén dijo...

How can I, that girl standing there...