domingo, 21 de agosto de 2011

La Sevilla de Ronnie Drew


Lo había buscado en Hodges Figgis y en Eason's, pero no lo tenían. Tampoco, naturalmente, en Waterstones, que ahora cerrada ofrece en Dawson Street un penoso espectáculo que, lamentablemente, no habla del pasado sino que anticipa el futuro de muchas librerías. Pero hoy lo he encontrado en Reads, en Nassau Street, frente al Trinity College. Y he pasado un buen rato leyendo el volumen que contiene las memorias de Ronnie Drew, quien fuera alma de The Dubliners.
Así he podido enterarme en detalle de lo que ya sabía parcialmente: la estancia de Ronnie en Sevilla, con otros tres irlandeses, a finales de los años cincuenta. Frecuentaba el bar el Tres de Oros, en Santa María la Blanca, y llegó a posar con el delantal de camarero desde detrás de la barra. A veces recalaban por allí las putas que hasta hace dos décadas tenían asiento en la Puerta de la Carne (buen nombre, ahora que lo pienso, para una casa de tolerancia), y una tal Juanita una vez quiso llevárselo al catre. Cuenta también el dublinés cómo una vez por semana iba a recibir clases de guitarra a una barriada humilde, y como en Sevilla, y en aquel bar, fue donde cantó por primera vez en público.
Ronnie y sus amigos sobrevivieron dando clases particulares de inglés tras poner en el periódico un anuncio que era descaradamente un timo, porque aparte de ser hablantes nativos poco conocimiento tenían de dar clases (aunque él refiere que este oficio sobrevenido le obligó a estudiar la gramática inglesa, cosa que había descuidado hasta entonces). Ronnie y sus amigos, que tenían en el bar su nombre colectivo apuntado con tiza en una pizarra ("Los irlandeses") para apuntar las rondas, se alojaban en una pensión regentada por alguien que se llamaba Manolo y que les recordaba a Charlie Chaplin, con quien nunca estaban al corriente en el pago, aunque al final siempre saldaban la cuenta con esas cinco libras mensuales que sacaban por cada estudiante de clases particulares.
Una excursión a Écija, un viaje en autobús a San Sebastián, las inevitables alusiones a las procesiones de Semana Santa y a los toros (espectáculo que le gustaba salvo por un nimio detalle, que al final el toro moría) completan la narración
Hace unos días se cumplía el tercer aniversario de la muerte de Ronnie Drew, un cantante de verdad, de quien todos los días me acuerdo dos o tres veces al pasar por la puerta de O'Donoghues, la pila bautismal (de cerveza negra) de The Dubliners.

1 comentario:

Myriam dijo...

Aunque no era un hombre joven, siento que partió muy temprano. Pero ya es un mito y por ende, de inmortal memoria. Conozco una versión de culto que hizo Ronnie de una tonada-pregón del folclor chileno: "Yo vendo unos ojos negros", del autor (letra y música) Pablo Ara Lucena (fallecido en diciembre de 1973)
http://youtu.be/mqWN-xXSgbE