viernes, 9 de septiembre de 2011

Lúnasa


Arco iris sobre el estadio de la GAA (Gaelic Athletics Association) en Croke Park (Foto A.R.T.)


LÚNASA


Para Sara Clavero


Ahora será invierno en Argentina

como es verano en la abrasada España,

pero aquí ha comenzado otra estación:

si septiembre es Meán Fómhair en gaélico

mitad de otoño, agosto entonces

es su principio. Ya la chimenea

crepita junto a pintas a temperatura ambiente

y conviven los tweeds y camisetas

de quienes van a las semifinales

de Croke Park bajo el breve arco iris,

última grada aérea del estadio

en que tiene su palco el aguacero.


Apenas se distingue algunas veces

el cielo de la penumbra de un pub.

Como una risotada baja un trueno

y un relámpago es una chispa

de ingenio en la conversación.


Las nubes sobre el río, reflejando

su plomo que discurre hacia los muelles

igual que desciende el mercurio

por el termómetro

o sobre el posavasos la cerveza

cristal abajo.


Yo cruzo el umbral tantas veces

a recoger, mojado, de su olvido el paraguas.

Spare change, pide un mendigo agitando

un vaso de cartón al que hace mucho

que no calientan ya té ni café;

cansinamente bailan las monedas

y hacen un ruido gris

como el de la lluvia en la verja,

tan breve como lo que dura un chaparrón

o la ilusión de una apuesta

en una carrera de galgos.


La bolsa de papel de Hodges Figgis

con el último libro de Muldoon,

empapada, se torna un chubasquero verde

que por extraña pulsión de sus moléculas,

en homenaje a Flann O’Brien y sus cien años,

de repente dimite de su esencia

y atónito se vuelve permeable.


Fugaz

como el muñeco verde en el semáforo,

rápido

como el correr del peatón

en el naranja extenso,

veloz

como la exasperación ante el rojo

interminable,

el sol asoma, luce y se retira

como ese carterista frente a Trinity

cuando pasa la Garda.


2 comentarios:

Sara dijo...

Antonio, yo volveré a cruzar el río Liffey en muchos agostos futuros -al menos así lo espero. Pero después de este poema (que ya casi recito de memoria) esa experiencia nunca será la misma. Un abrazo, amigo, y gracias por abrirme los ojos- y oídos- a esos cielos. Es un regalo maravilloso.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

My pleasure, Sara.