lunes, 10 de octubre de 2011

El regreso




Se vuelve de Edimburgo como se regresa de un sueño, al que contribuyen, sinestésicamente, la humedad, el frío, la lejanía de una gaita. Aunque la Princes Street esté hecha unos zorros con las obras inacabables del tranvía, y a pesar de la mucha y fastidiosa lluvia (que a decir, verdad, no nos importa), la ciudad está hermosísima y se goza como pocas. No podría aquí dar cuenta de todas las experiencias, aunque trataré de hacerlo, bien que fragmentariamente, en los próximos días. Pero dejo, sí, una imagen del Castillo cuando me dirigía a una de las principales librerías, ya cerca de Charlotte Square:

CAÑONAZOS DESDE EL CASTILLO


Y de súbito, el estampido

desde la mole parda

como el tartán de los más viejos clanes.


Las nubes que descargando su pólvora

asedian el oído.


El humo que se funde

con esta bruma

de un anochecer a las tres de la tarde.


2 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Me encanta esa imagen, perfecta para mirarla leyendo el poema, oyendo el cañonazo, imaginando la humedad y el frío.
Espero tus crónicas.
¡Y bienvenido!

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchísimas gracias, Olga. Me acordé mucho de ti en aquellas tierras. Preciosa la ciudad, sin parangón. Y sí, ya lo iré contando.