jueves, 13 de octubre de 2011

La Hispaniola


Escribo esto el 12 de octubre, día de la Hispanidad, que viene a recordar el día en que Cristóbal Colón llegó a La Española, la primera tierra que tocó en el Nuevo Mundo. Y en el Viejo, el fin de semana pasado estábamos en Edimburgo, la ciudad de Robert Louis Stevenson.
En la misma calle en que me alojé, Drummond Street, hay una hermosa edificación de una sola planta. Un restaurante italiano hoy, The Hispaniola, es uno de esos establecimientos temáticos, en este caso dedicado al autor de La isla del tesoro, que frecuentaba el local cuando, fundado en 1834, ostentaba el nombre de Rutherford's Bar y aparte de cervezas y licores no creo que tuviera nada comestible con lo que acompañar la bebida. Cofres de adivinados tesoros, candelabros, pistolones y toda la parafernalia de la piratería adornan el local.
Y es una pena esta concesión al turismo, pues con su fachada de madera sin pintar (de 1899) era uno de los pubs más bonitos de Edimburgo, que es tanto como destacar a una chica entre todas las aspirantes a Miss Universo.
Por otra parte, me pregunto por qué tiene que haber dos contenedores de basura ante su fachada, como un velo (en este caso no islámico sino del consumismo occidental) ante el rostro de una chica bonita.
Vuelvo de La Hispaniola a la ciudad hispalense: en la catedral de Sevilla está el mausoleo de Colón, y en la National Gallery de Edimburgo algunos cuadros de Ribera, Murillo y Velázquez. De este último, "Vieja friendo huevos". No eso, ni manduca italiana, sino una sopa de zanahoria con pan de jengibre y miel de brezo de las colinas (una aliterativa heather hill honey) y filetes de pata de cordero escocés con puré de patatas, regado con sidra tradicional, fue lo que servidor almorzó en el restaurante del museo. Allí yo, leyendo un libro de poesía ante un ventanal empuñado como paraguas transparente contra la llovizna. Nada que ver con el cielo velazqueño del Guadarrama el gris sobre los jardines de Princes Street.
Allí, a la izquierda, tras la servilleta, el monumento a Sir Walter Scott. Telón de fondo del vaso de sidra, en declive que no ve ve desde aquí, la estación de Waverley.



2 comentarios:

Sara dijo...

Tomo nota para mi próxima visita a Edimburgo. Entre comer en The HIspaniola y el restaurante de la National Gallery, yo lo tengo claro. Ese cordero con sidra suena delicioso! Lo que han hecho con ese pub . y tantos otros, también en Irlanda - es un verdadero crimen...

Antonio Rivero Taravillo dijo...

El restaurante de la National Gallery está bastante bien. Lo que sigo sin entender es la manía de poner hielo en la sidra. Estaba leyendo y cuando me di cuenta ya no alcancé a darle con los cubitos al camarero...