
PAN CON CHOCOLATE
Para Francisco Barrionuevo
La herida bajo el agua oxigenada,
la piel al aire,
el rojo que regresa oscureciéndose
como un vitral de templo centenario.
Su petrificada materia
como huella arqueológica
de heridas recibidas en columpios
que, oscilando, regresan.
Ni cremas anti-age ni zarandajas:
de nuevo he sido niño
cuando al caerme he visto
las antiguas estrellas.
Lo afirma esta postilla
en la rodilla, y lo subrayan
su tirantez, su frágil costra:
hoy mi magdalena de Proust
(mi pan con chocolate).
2 comentarios:
Cuántos recuerdos!
Besos
Todo el poema me alcanza desde el alféizar de esa palabra, postilla, que no recuerdo haber oído en mucho tiempo y que tiene para mí un verdadero poder de arrebato: las postillas de las que no podían librarnos los pantalones cortos; quizás la infancia no sea más que eso: una costra que tiene debajo una cicatriz.
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