martes, 8 de noviembre de 2011

Breves recuerdos de Tomás Segovia




Lo conocí personalmente -sería en 2003 o 2004- en un almuerzo al que nos invitó Juan Carlos Marset en el restaurante Robles de Sevilla. Lo tenía sentado enfrente, y me dejé llevar por la conversación, recuperando de algún modo la infancia cuando escuchábamos con atención a un mayor que tenía algo que contar y no, como hoy, a los estampidos y bocinazos de la play-station. Yo le llevaba su antología poética En los ojos del día (Galaxia Gutenberg), y me dedicó el ejemplar (no consta fecha) "en este comienzo de amistad sevillana". Luego creí reconocerlo, torpe de mí, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y me fui a saludarlo, pero resultó ser, un enojo barbado, Carlos Castilla del Pino. Una metedura de pata memorable que quizás éste atribuyera a una excesiva ingestión de tequila o, cosa peor, tratándose de un psiquiatra, a idiotez congénita o desarrollada.
Lo vi fugazmente de nuevo en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, cuando para mi asombro entretejido de alborozo asistió a la presentación del primer tomo de mi biografía de Cernuda. Crucé después algún correo electrónico con él cuando investigaba yo para el segundo volumen de la citada biografía, dedicado a los años de exilio, pero no salió de ahí ningún dato relevante que añadir a lo ya dicho con anterioridad. Sin embargo, mejor le fue (o fue mejor preguntando) a José Ramón Ripoll, quien publicó una muy buena entrevista con él en la revista Campo de Agramante, donde narraba algunos episodios relacionados con su trato con el poeta sevillano.
En fecha más reciente, el pasado mes de mayo, su mujer, María Luisa Capella, estuvo en la presentación de ese segundo tomo cernudiano en el Ateneo Español de México, y me dijo que Tomás, a quien le hubiera gustado acudir, se había tenido que quedar en casa a causa del calor. No sabía entonces que era la última vez que tendría noticias suyas. O la penúltima, porque una alumna del taller de poesía escribió por esas fechas un emocionante poema que le dedicó, en el que hablaba de la dedicación del poeta a la carpintería.
Ahora ha muerto en México en esa tierra que compartía con la española y a la que marchó en el exilio que provocó la Guerra Civil. Sobre Segovia es esta información de urgencia, pero extensa, que acaba de publicar el periódico mexicano El Universal.



3 comentarios:

Ferrer Lerín dijo...

Amigo Antonio. Tu confusión Segovia Castilla es un sólido anticipo de mi chusca entrada:

http://ferrerlerin.blogspot.com/2011/07/confusion.html

Saludos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

No sé qué diría el psiquiatra y memorialista, pero a Pound, con lo que le gustaba el Cantar de Mío Cid, que glosó en sus versos, no le habría importado nada que lo llamaran Castilla. Un abrazo.

CDG dijo...

Precioso homenaje. Casi tanto como leer sus poemas.
Saludos.