martes, 1 de noviembre de 2011

Cerrar los ojos para verte


Entre las muchas ventajas que tiene no ser crítico literario, ninguna como la de la absoluta libertad, que permite hacerse eco sólo de los libros que nos han gustado, sin necesidad de dar calificaciones numéricas ni varapalos para mantener el prestigio de enjuiciador riguroso y olímpico. Y como me ha gustado, aquí aparece este Cerrar los ojos para verte del muy joven Rodrigo Olay, que es de una tierra de excelentes poetas, Asturias.
Hay erudición y un gran conocimiento de las fuentes, un dominio formal apabullante, pero también humor y gracia y puesta en solfa, muy a lo Borges, de toda la seriedad filológica, ese traje gastado y raído si se afina la vista.
Japonerías, soleares, postales de ciudades, testimonios de la adolescencia aún cercana, homenajes -muchos- componen este libro. Con sus comprensibles excesos y sus pequeños defectos, el gran brillo de Cerrar los ojos para verte podría resumirse, porque en él está encerrado, en "Operación triunfo", en el que como en esas obras de suspense hay que llegar hasta el último capítulo, la postrer escena, el verso final, para su disfrute y la recepción de su clave, quizás intuida. Naturalmente, no revelaré que el asesino (o su cómplice) es el mayordomo (o alguien parecido) e insto a quien esto leyere que allí acuda.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A pesar de la insistencia culta, de la mejor tozudez, se sabe que, solo sobreviven las palabras que antes de leerlas ya nuestra memoria sabía de ellas. T.S. Eliot, hablaba otro idioma que mi memoria no recuerda, y ahora se niega a aprender.

Uno de la Judería