domingo, 6 de noviembre de 2011

Epifanía de William Morris


Construido por un Astor (pariente del que aparece en Bartleby el escribiente, de Melville), Londres contaba con un palacete que ha sido recientemente restaurado y acaba de abrir, esplendor de escaleras de caoba y paneles de roble, en el Temple. Allí, uno se olvida enseguida de que acaba de salir del Metro y las reminiscencias medievales templarias se cuelan, como en el sueño de un relato de terror, por los ventanales y la puerta de este edificio neogótico. Y el contenido de la mansión baila esa contradanza en una exposición que sería imperdonable no ver, de aquí a finales de enero, si se pasa por la capital británica.
Aunque se esgrime el nombre de William Morris, más justo sería hablar de éste y su círculo, pues son muchas las obras en que colaboró con otros, en especial su amigo Edward Burne-Jones.
Hay aquí un largo friso bordado con motivos del Roman de la Rose, el tapiz con un pájaro carpintero que conmemora un pasaje de las Metamorfosis de Ovidio, episodios hechos vidriera a partir de Le Morte d'Arthur de mi señor Thomas Malory, libro que deslumbró a Morris al descubrir un ejemplar de la edición de 1485 de William Caxton como a mí en una librería de Portsmouth en 1982 (en mi caso, ay, me tuve que conformar con la edición de Penguin Classics).
También se exhiben unos ingenuos azulejos que recogen el cuento de la Bella y la Bestia, un libro ilustrado con The Works of Geoffery Chaucer y diseños de papeles pintados de Morris (que aún se pueden comprar, pues una empresa los manufactura, con sus pomas y acantos). No faltan mitos germánicos, como el boceto de Burne-Jones en que Gudrun prende fuego a la casa de Atli.
Un breve pero hermosísimo catálogo, que nos llevamos en el bolsillo de la chaqueta de Harris tweed, viene a demostrarnos, ya fuera, que no ha sido un sueño la visita al castillo y que éste no fue un espejismo artúrico. Cedemos el paso a una damisela en una encrucijada, miramos con aspereza y rigor a un villano malencarado al doblar una esquina.

(La ilustración de esta entrada es un detalle del friso bordado "Amor guía al peregrino entre las zarzas", procedente del Roman de la Rose; obra de Burne-Jones y Morris bordada por Margaret Bell y su hija Florence)

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Un ensueno prerafaelita, quién lo soñara.