jueves, 10 de noviembre de 2011

Poesía, resistencia



La poesía ha de ofrecer resistencia, como el cuerpo amado. Y no ser fácil, nube que se aleja a nuestro soplo o vaho sin consistencia o solidez. Tenemos que sentir que se opone al tacto, y que no es un blando espectro en que se hunde la mano, como por una nada, sin el roce, la fricción y el oponerse. Un amor que se desplaza ante nuestro avance no lo gozamos; ha de plantarse, negarse a ser empujado, enfrentar su carne. Sólo así lo penetraremos o nos penetrará. Igual con la poesía, exactamente.

2 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Exactamente. Aunque, como ocurre con el cuerpo amado, en algún momento (breve, mágico, siempre inseguro pero a veces posible) la resistencia tiene que convertirse en completa entrega.

srfimia dijo...

Esta entrada de hoy y el maravilloso comentario de Olga Bernard han hecho que lea este blog cuatro veces ya y no me canso, estoy entregada a esta causa. Gracias.