viernes, 18 de noviembre de 2011

Un fotógrafo



Comenzó siendo una inicial persistente en esos volúmenes de diarios en los que eran aun más conspicuos los aspados, las incógnitas que casi siempre se podían despejar con algún conocimiento de la literatura viva que no se ofrecía en los manuales. Luego, tras esa locomotora, la R., el convoy de otras letras, aunque nunca así declaradamente por extenso, en las vías, tantas ya, del Salón de pasos perdidos. Ha crecido, con el número de tomos, y como su hermano G. se dedica en la actualidad a las artes. Él, a la fotografía. Ahora hace público su proyecto New York/Texas. Si se pasan las páginas no se asiste sólo a las diapositivas, sino a instantes líricos, particularmente punzantes en aquellos que suscita, por emplear una fórmula anacrónicamente homérica tantas veces engastada en la épica moderna, "la ciudad de los rascacielos".
Por ejemplo, la fotografía número 11, pero vean.

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