jueves, 8 de diciembre de 2011

En la cama con la muerte





La poesía de Luis Alberto de Cuenca goza, como afirmó José María Jurado, su presentador la otra tarde en Sevilla, del mejor de los laureles: los lectores. A tenor de las muchas antologías de su poesía, de muestras que aquí y allá escogen lo mucho apetecible y hermoso de sus versos, eso es innegable; y esta de la Isla de Siltolá que comparecía rondando el mes de los difuntos, sin duda una de las más hermosas.
Estremece el tino en la elección de las fotografías de Miguel Fernández-Pacheco y Marcela Lieblich, una iconografía fantasmal espigada en cementerios que escolta como cortejo fúnebre a los poemas. Entre ellos, varios dedicados a Rita, la primera novia de Luis Alberto, fallecida muy joven y por eso mismo ya siempre conservada con un halo de inmortalidad, de eterna frescura, aunque de mármol, que no mella el tiempo.
Escoja cada cual el que prefiera, pero por razón de afinidades me quedo, si de quedarse con un solo se trata, con el primer poema del libro, "La tristeza". Y no sólo porque ahí salgan a la palestra mis queridos Shakespeare y Marlowe, sino porque es un homenaje que Luis Alberto rinde a un poema que él ama, como uno mismo, y que es de los más conmovedores de Juan Eduardo Cirlot, alguien que también sabía mucho de poemas fúnebres y resurrecciones y encuentros fuera del tiempo y del espacio. "Momento", de Cirlot, sacude a quien lo lea. "La tristeza" no alcanza su temperatura visionaria ni lo pretende, pero no le va a la zaga en melancolía, en la que parecen resonar, al fondo, unas notas de Dowland. Alguien que ha vivido mucho, escribe:


LA TRISTEZA

Cuando Shakespeare murió, ya estaba triste.
Cuando la Armada naufragó, mis ojos
habían naufragado ya en su daño.
A Marlowe lo enviaron al infierno
y ya mi corazón estaba roto.


2 comentarios:

L.N.J. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
L.N.J. dijo...

Perdón, quise poner otro comentario y borré el anterior dándole a la papelera sin querer.

Decía que hubiese sido genial que la presentación del libro de Luis Alberto hubiese durado más tiempo, me encantó su forma de hablar.
Y añadir que el poema de "Tristeza" transmite más que dolor, sufrimiento y una agonía inmensa.