lunes, 31 de octubre de 2011

El poeta presidente





Algunas veces, a los déspotas les gusta adornar su tiranía con los laureles del verso. Y también es verdad que a menudo los poetas desprecian la política, aunque Shelley dijo de éstos, los poetas, que son los secretos legisladores del mundo. Uno de ellos, parlamentario que durante muchos años se ha empeñado contra las injusticias y las dictaduras, acaba de ser elegido presidente de Irlanda.
Michael D. Higgins es autor de tres libros de poemas y de una antología publicada este verano, cuando ya era candidato a la presidencia. Decir que es uno de los poetas más importantes de su país sería una exageración, entre otras cosas porque la literatura de su patria ha puesto el listón tan alto que destacar en eso exige tener un talento extraordinario. Pero sí se puede afirmar que es un poeta íntegro y un amante de las letras, cosa que no suele ser tan común entre los políticos.
El viernes me hallaba en Madrid presentando la recopilación de artículos La gente corriente de Irlanda, de Flann O'Brien, publicada por Nórdica. El embajador irlandés tuvo la amabilidad de asistir y decir unas inspiradas palabras, y antes de comenzar el acto pudimos intercambiar noticias sobre el recuento de votos, que ya parecía decantarse hacia el poeta para satisfacción de ambos.
Precisamente vi a Higgins este mes de agosto en mi hotel de Dublín cuando él atendía a unos periodistas y yo volvía de la Biblioteca Nacional de trabajar en la traducción del libro de O'Brien. Me resultaba familiar ese rostro, y enseguida caí en la cuenta de quién era, pues lo había visto numerosas veces en el desaparecido semanario en lengua gaélica Anois, del que fui suscriptor un tiempo. Higgins es hablante activo de irlandés y durante una legislatura particularmente shelleyana fue ministro de la cartera que para mí es -o era, pues ya no existe- más hermosa en todo el ancho mundo: titular del Ministerio de las Artes, la Cultura y la Gaeltacht. Epígrafe al que si además se le pone el arpa que constituye el escudo de Irlanda ya es absolutamente perfecto.
El poeta, el visionario son necesarios particularmente en momentos de crisis. Yeats, que no llegó más que a senador, lo sabía. Bienvenido, pues, señor presidente. Fáilte romhat, a hUachtaráin.


domingo, 30 de octubre de 2011

Un adverbio bien puesto




El de este verso de Rafael Adolfo Téllez en Los cantos de Joseph Uber, donde la palabra arrastra esa interminable persistencia del agua en una palabra larguísima (¡ocho sílabas!) como la acción que transmite:

Miro caer la lluvia ininterrumpidamente


sábado, 29 de octubre de 2011

El poema de hoy



PEQUEÑA SAGA EN VERSO


Tras asistir a una conferencia sobre poesía

escáldica escandinava, hoscamente

me he sentado a cenar solo, taciturno,

y he pedido, porque sí, salmón noruego

y cerveza danesa. Islandia queda

muy cerca de esta mesa esta noche.

Mi tristeza

es como esa isla sin árboles hoy;

como su invierno o su noche, mi alma.


(Me miran de otras mesas comensales

extrañados de que estampe unos signos

en un papel que saben no es la cuenta

ni recibo de tarjeta de crédito:


soy un bárbaro aquí, hablo en poesía,

la lengua muerta que ya nadie entiende)



(Publicado hoy en ABC Cultural)



viernes, 28 de octubre de 2011

Joaquín Sáenz


"Ventana de la oficina", 1982



Recuerdo haberlo visitado en su imprenta de la calle San Eloy, a principios de los ochenta, cuando unos estudiantillos despistados buscábamos dar a la estampa la revista Claros del Bosque, del Aula de Poesía y Pensamiento María Zambrano de la Universidad de Sevilla. Era, además de pintor, impresor Joaquín Sáenz, en un viejo establecimiento que él mismo llevó al lienzo varias veces en cuadros que hoy se ven en la Casa de la Provincia, uno de los cuales fue a iluminar la cubierta de uno de los primeros números de la jerezana Fin de siglo, la gran revista literaria de aquellos años.
Ahora se ha inaugurado una exposición con la obra de menor tamaño del gran Sáenz, recuperada de su estudio. Qué magnífica ocasión para volver a su pincel poético.

jueves, 27 de octubre de 2011

Nombres



A veces creo que soy el más solitario de los hombres, aquí encerrado en mi cueva y delante de las páginas del ordenador o de la pantalla de un libro. Y sin embargo, recapitulo qué fue mi día de ayer y compruebo que mi aislamiento no es tal, o desde luego bastante menor de lo que presumo.
Ya por la mañana muy temprano contesté a José Manuel Benítez Ariza sobre su novela Ronda de Madrid, que sacamos en Paréntesis el mes que viene. Luego ojeo los libros -poesía, ensayo, novela- que tuvo a bien enviarme Javier Sánchez Menéndez, editor de la Isla de Siltolá, y me leo uno de esos títulos de narraciones falsamente autobiográficas de José Luis García Martín, Las noches de verano, donde hay pasajes deliciosos protagonizados por Aleister Crowley y Pessoa, Mussolini y Cocteau. Vuelvo luego a laborar y cruzo mensajes con Irene Vallejo, la autora de La luz sepultada, sobre la presentación de su libro la víspera en Zaragoza, y hablo por teléfono con Andrés J. Reina sobre la del suyo, Proyecto Zoorama, esa tarde, en Málaga.
Animado por la lectura de su libro, rozando el mediodía le escribo a García Martín para enviarle una colaboración a su revista, y me leo La ciudad gris, el poemario de Toni Montesinos en la citada Siltolá.
Es el de Montesinos un libro que se desarrolla en Dublín (como anteriormente su novela Solo en los bares de noche), y justo mientras lo estoy leyendo me llama una amiga de Alfredo Valenzuela a la que éste ha puesto en contacto conmigo porque quiere orientación: ha pensado en irse a estudiar inglés a Dublín. Le recomiendo que se vaya aclimatando desde casa viendo la televisión irlandesa por internet y leyendo la edición digital de The Irish Times.
Luego enciendo la RTÉ y veo al candidato presidencial Michael D. Higgins, un agradable señor mayor a quien este verano vimos atender a la prensa en nuestro hotel de Dublín. Y en ese momento me llega un correo electrónico en que se me confirma que el embajador de Irlanda, Justin Harman, se pasará por la presentación madrileña de La gente corriente de Irlanda, el libro de Flann O'Brien que recoge las colaboraciones de éste en The Irish Times. Escribo al editor de Nórdica, Diego Moreno, para decírselo.
Es casi la hora de comer, pero aún tengo tiempo de ver un par de programas de la primera temporada de las Transatlantic Sessions. Por ahí aparece Jim Sutherland, con quien recientemente compartí buenos ratos en Edimburgo, tocando la percusión en un libro de tapa dura roja que antes figuraba estar leyendo.
Por la tarde me ocupo de próximas ediciones de Enrique Baltanás y de Francis Scott Fitzgerald en la traducción de José Luis Piquero, cuya versión de Caín, de Lord Byron, reposa en ese pequeño repositorio de ideas: mi musilla de noche.
A las siete salgo a la presentación de Génesis, el debut de Gonzalo Gragera; en el camino me encuentro con Francisco Robles, su presentador, y el pintor Ricardo Suárez. Voy con prisa, aunque he declinado la invitación a la presentación del libro de la duquesa de Alba en el Alcázar (uno es más del conde de Siruela), tengo cita con José Cenizo, con quien realizo canje de libros en la confitería La Campana. A la salida me cruzo con el novelista Fernando de Artacho y entro escopetado en el antiguo Teatro Imperial, realizando ahora otro canje, o más bien encaje de bolillos para saludar simultáneamente a unos y otros, de besos y abrazos. Rosa García Perea, la editora; el joven escritor Felipe Santa-Cruz; los poetas Juan Antonio González Romano y Ramón Simón...
Cuando acaba el acto, me voy con estos dos a tomar una cerveza. En la esquina coincidimos con Julio Neira, que viene de hablar de JRJ en La Rábida, y me quedo charlando unos instantes con él acerca de Rafael Alberti.
Y lo que más me sorprende de todo el día es que luego el camarero que nos trae las cervezas me llama, como también él poniendo negritas en la noche, por mi nombre.


miércoles, 26 de octubre de 2011

Farol de Saturno


Con altibajos, porque lo contrario sería un encefalograma plano, e insoportable resultaría tanta intensidad seguida como aquí asoma a veces, Antonio Martínez Sarrión entrega en Farol de Saturno (Tusquets) uno de sus mejores libros. En la primera parte, "Hábitos de los discípulos de Buda", traza un retrato vitriólico de la sociedad actual y, naturalmente, no desde el panfleto, sino desde el pleno ejercicio de los recursos del poeta muy diestro que él es, acompañados de una retranca particularmente útil, tan conversacional, para rebajar el tono e interpelar uno a uno a los lectores. Es cierto que con un aire sesentayochista cuyo vitriolo podría haber extendido a otro tipo de tics histriónicos de la izquierda gobernante, que tampoco es manca. En la segunda, escuetísimamente referida como "II", y con títulos mucho más concisos por lo general que los que sorprenden en la primera parte, poemas tan perfectos y memorables, en los que se presta más cabida al lirismo, como "Regadera" u "Hoguera de pastor", aunque hay otros que tal vez podrían haber ido a parar a la mitad inicial, por ser retrato de un tipo humano acreedor a su censura, como es el caso del sardónico "Cama baja con sábanas de color".
Es éste un libro culto e irónico, hermoso y que deliberadamente cae a veces (y se nota la sabia postura en la caída, de ágil karateka que no de gil o carajote) para abandonar las hechuras solemnes, el sermón. Lo digo sin ambages: de lo mejor que se ha publicado en poesía este año.

martes, 25 de octubre de 2011

Keats y sus hermanos






John Keats tuvo una cordial relación con sus hermanos, y ahora un libro de Denise Gigante publicado por Harvard University Press, The Keats Brothers, explora la vida de George y cómo su apoyo fue providencial para el desarrollo del genio de John. Éste escribió un maravilloso soneto de amor fraternal, incluido en su antología, Poemas, que prologué y traduje para La Veleta:

A mis hermanos


La parva lumbre juega con la leña,

rompe su crepitar nuestro silencio

tal susurros de lares que impusieran

su imperio sobre almas fraternales.


Buscando rimas, miro entre los troncos;

vuestro mirar se fija, como en trance,

en locuaces anécdotas que abrevian,

cuando cae la noche, nuestras cuitas.


Hoy es tu cumpleaños, Tom, contento

estoy de que transcurra con bonanza.

Que muchas noches de susurros suaves


pasemos juntos, disfrutando en calma

los goces verdaderos, hasta el día

en que la Voz del Espíritu nos llame.



To my brothers


Small, busy flames play through the fresh laid coals,

and their faint crackling o’er our silence creep

like whispers of the household gods that keep

a gentle empire o’er fraternal souls.


And while, for rhymes, I search around the poles,

your eyes are fix’d, as in poetic sleep,

upon the lore so voluble and deep,

that aye at fall of night our care condoles.


This is your birth-day Tom, and I rejoice

that thus it passes smoothly, quietly

many such eves of gently whisp’ring noise


may we together pass, and calmly try

what are this world’s true joys, ere the great voice,

from its fair face, shall bid our spirits fly.


domingo, 23 de octubre de 2011

Sergi Bellver sobre "La gente corriente de Irlanda"



Ilustración de Fernando Vicente


Sé que el oficio del traductor tiene mucho de ave migratoria; una vez, terminado un trabajo, ir a otra cosa suele ser lo común. Pero a veces uno se implica tanto con las obras que traduce que no puede dejarlas atrás, al menos durante un tiempo. Y ése suele ser mi caso. Hoy ha llegado a las librerías La gente corriente de Irlanda, de Flann O'Brien (editorial Nórdica), y uno muestra su orgullo, que es grande porque el trabajo ha sido mayúsculo. Y ya comienzan a circular reseñas en la red. Aquí, la recomendación que el escritor y crítico Sergi Bellver dejaba hoy:


“Esta recopilación de columnas publicadas por el autor en el diario The Irish Times es sobre todo una irónica radiografía de los irlandeses de su tiempo. Sin embargo, por momentos parece tener vigencia en nuestro escenario, en especial cuando el escritor irlandés dirige sus dardos al mundo literario, un zoológico mucho más universal y repetitivo de lo que cabría imaginar. La prosa humorística y afilada de O’Brien, también narrador admirado por los más grandes, mantiene todo su vigor en esta excelente traducción de Antonio Rivero Taravillo”.



En Tipos Infames




En la librería Tipos Infames de Madrid

sábado, 22 de octubre de 2011

La gente corriente de Irlanda






Diego Moreno, editor de Nórdica, decidió desde el comienzo de su aventura editorial hacer un hueco en su estupendo catálogo a Flann O'Brien. Encargó traducciones nuevas y recuperó otras anteriores, como la que en 1989 publiqué en Ediciones del Serbal de la única novela que O'Brien escribió en gaélico irlandés, An béal bocht, La boca pobre. Ahora, con motivo del centenario, lanza a partir del lunes una joya, la quintaesencia de Flann O'Brien: La gente corriente de Irlanda, una selección de las columnas con las que colaboró en The Irish Times en los años cuarenta del pasado siglo. Mías son la introducción y la versión y míos el placer de lo conseguido y la frustración de lo que se esfuma al traducirlo. Para acompañar a la celebración, dejo aquí, en tres partes, un excelente programa de la radio irlandesa acerca de nuestro homenajeado autor ya centenario.







viernes, 21 de octubre de 2011

El ensueño de la razón


En El Cultural de hoy, José Manuel Benítez Ariza publica una recensión de El sueño de la razón, la biografía que Martin Murphy dedicó hace dos décadas a Blanco White y que ahora ofrece Renacimiento en flamante traducción de Victoria León. Blanco, que se exilió en 1810, escribió un soneto memorable en inglés que ha sido traducido, entre otros, por Jorge Guillén, y, lejos ya de la lírica, incisivas obras de denuncia de la realidad española.
Martin Murphy me acompañará en el homenaje a Luis Cernuda que, organizado por el Instituto Cervantes de Londres y dentro del ciclo "Los exilios españoles en Gran Bretaña", celebraremos el próximo 3 de noviembre en Chancellor's Hall, Senate House (Universidad de Londres), dado que la sede londinense del Cervantes se halla actualmente en proceso de remodelación. Es el inmueble, en el 102 de Eaton Square, donde tantas veces estuvo Cernuda visitando a Leopoldo Panero y familia, y adonde alguna vez acudió T. S. Eliot a beber buen vino español. La excelente noticia es que cuando esté por completo remozado el edificio éste albergará una biblioteca bautizada con el nombre del autor de La realidad y el deseo, que llegó en 1938 a la capital británica y donde residió de 1945 a 1947.
Se puede escuchar aquí (a partir del minuto 6:30) la entrevista que sobre El ensueño de la razón hizo Manuel Pedraz a Martin Murphy el pasado junio para su programa "Historias de papel".



jueves, 20 de octubre de 2011

El punto y final


Theo Dorgan


Prosigo este año con el taller de poesía, en un lugar bien propicio a ello, un edificio lleno de libros: la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla. En ese ambiente, y con el estímulo de los versos compartidos, muchos poemas surgen del intercambio, pues nada invita más a escribir poesía que la lectura de ésta, pocos desencadenantes de ella como una palabra, una imagen, un ritmo leídos o escuchados.
De algún modo, es un taller de cocina. Donde se enseña el fuego lento, el mimo, el tiempo de reposo, la sazón. Un buen poema puede ser rápido como un buen tomate de huerta recién abierto con un chorro de aceite de oliva virgen y unos granos de sal, pero por veloz que sea su preparación no será nunca fast food. Sin embargo, por lo general hay que atender a la intensidad de la fuente de calor, a la duración, a los sucesivos pasos de una ejecución que puede requerir horas incluso (en el caso del poema, días incluso).
Hay poemas que surgen en estado de gracia, pero desconfiad en general de aquellos en los que se tarda lo mismo en prepararlos que en comerlos, en su escritura que en su lectura. Ambas será parejamente insatisfactorias.
Aunque es cierto que si se dejan demasiado tiempo fuera de la nevera los ingredientes se estropean, y que todo plato tiene su plazo.
Me he acordado todo esto al ojear el folleto con los cursos creativos que se dan en el Irish Writers' Centre de Dublín, donde el próximo 5 de noviembre Theo Dorgan imparte un taller titulado "¿Así que crees que tu poema está acabado?" En él pedirá a los participantes que compartan poemas que hayan dado por finalizados, y ya se verá si se puede hacer algo más con ellos.
La respuesta, ya la sé. Casi siempre se puede hacer algo más. La pregunta, para la que no hay respuesta, o existen tantas como poemas, es hasta cuándo. En qué momento poner el punto y final. Lo cual nos lleva a otro signo: el de interrogación.





miércoles, 19 de octubre de 2011

La Triple Corona





En el rugby, deporte que no sigo desde que dejó de jugarlo Jonathan Davies con Gales allá por el remoto siglo XX, la Triple Corona es un trofeo que se concede al equipo de las Islas Británicas (incluida Irlanda) que en el Trofeo de las Seis Naciones (cinco entonces) derrota a los otros tres. Excepción hecha de Irlanda, pues, las tierras de Inglaterra, Escocia y Gales.
Inglaterra, el reino hegemónico, hace siglos que tiene el puesto de Poeta Laureado, que ha pasado a ser Poeta Laureado de Gran Bretaña. Pero desde tiempos recientes, con la reinstauración del parlamento propio, Escocia tiene también su equivalente, el llamado Makar, que, si se piensa, no es sino Maker, Hacedor, Fabbro (il miglior fabbro llamó Dante a Arnaut Daniel, y siguiéndolo Eliot a Pound). Y en Gales existe también la figura del Poeta Nacional, el Bardd Cenedlaethol Cymru. Pues bien, en la actualidad los tres puestos lo desempeñan mujeres: Carol Ann Duffy por el conjunto de Gran Bretaña, Liz Lochhead por Escocia y Gillian Clarke por Gales. Por cierto, que su más recién aparecido poemario The Bees, Carol Ann Duffy lo dedica -¡en galés!- a Clarke, una interesante poeta que traduje en los años noventa por encargo del British Council para su revista Impressions.
Así que, lejos del rugby, la Triple Corona de la poesía en Gran Bretaña recae hoy en esas voces no ya emergentes sino plenamente afloradas, las mujeres. Lo cual no es intrínsecamente bueno ni malo, sino una muestra de normalidad.

Esta es la traducción que hice de un poema de Gillian Clarke:

EL MÚSICO


Con su alfombra salpicada como un Jackson Pollock,

de ropa, libros, instrumentos y la NME,

tecleaba todo el día, leía sonatas de Beethoven.

Decía que lo podía oír “como palabras”.

Comenzó piano, obseso, aquel crudo invierno

tocando Bartok de madrugada. Caía la nieve,

velo tras velo, hasta que ya no pudimos sacar el coche aparcado.

Me dormía con dos edredones y las pieles de mi abuela

y despertaba asfixiada en las noches luminosas

para oír las Danzas Húngaras entre la nieve, a la luz de la luna.

La calle bloqueada, inmaculada; la casa,

glacial; barrios silenciosos bajo acuosa blancura.

Al alba, oyendo a Debussy, lo encontraba

enguantado en mitones por el frío,

con el abrigo puesto. No se había ido a la cama.

La nieve se amontonaba en las puertas, llegaba a los alféizares,

obstruía el ático, ponía velos sobre las ventanas.

Olores, sonidos, colores y desechos yacían enterrados.

Soñé que la casa era una cripta con columnas de nieve,

una catedral ahogada que aguardaba el deshielo,

y desperté al oír las amortiguadas campanadas del piano,

un primer pianísimo de nieve desprendiéndose del tejado.



domingo, 16 de octubre de 2011

El experimento de Inchkeith


Se la ve si se sobrevuela el estuario del Forth, cuando el aeroplano ya va bajando y al fondo se atisba la obra de ingeniería roja del puente. Desde mi ventanilla, la isla entera en el ojo de buey algo oblongo, casi un retrato oval.
En 1493, el rey de Escocia Jacobo IV ideó un experimento linguístico: trasladar a la isla despoblada a dos bebés con una nodriza muda, para que, llegada la edad en que los niños echan a hablar, saber qué lengua empleaban y, de ahí, cuál era el lenguaje de Dios. Con las turbulencias del final de su reinado, no se sabe a ciencia cierta cuál fue el resultado, y el cronista que refiere el episodio anota que "aunque hay quien dice que salieron hablando un buen hebreo, yo esto sólo lo sé de oídas". Empírica gente, la grey escocesa.
Más racional, Sir Walter Scott demostró que su romanticismo no estaba reñido con la sensatez, y aventuró que lo más probable es que los críos imitaran los gruñidos y chillidos inarticulados de su muda cuidadora; o que, con más seguridad incluso, emularan el balar de las ovejas y cabras de la ínsula.
Y lo repetía yo la otra tarde en el taller de poesía, a cuenta de lo necesario que es el cultivo de las palabras, del aprendizaje en la expresión, porque, sabedlo ya, Sire, ni los niños ni los poetas avanzan mucho en el lenguaje sin la imitación y el ejercicio.


El banquero




Para algunos, el poder (le pouvoir) es su pimienta (le poivre), lo picante, el aguijón o tábano que los empuja a moverse. Es tan evidente como obsceno que el financiero de marras no procuraba una satisfacción sexual con el abuso de la limpiadora; en vez de ello buscaba una relación de poder con la temporal esclava, cual es el uso de los violadores incluso cuando son impotentes (de nuevo, el poder, o su reverso). No había ahí nada de pasión, de amor, ni siquiera de erotismo. Y sí de prepotencia aliada al dinero, sobre el que ya escribió Quevedo líneas más exactas que las mías.

Se diría que plegándose a la caricatura mostrenca, en sus actos el banquero internacional fuera el pelele, la plasmación de las más burdas imágenes estereotipadas. Todo porque no quería pagar el francés y lo hizo a la fuerza, esa prerrogativa de los poderosos, cuando bien podía costeárselo con el –mucho– dinero que cobraba de todos nosotros, los de abajo.

Y como era una cuestión de poder, tengo para mí que el que iba para presidente de Francia no pensaba en la camarera de hotel cuando la ultrajaba o la prostitutía de un modo u otro, sino en violarnos a todos nosotros, que es lo que ha de ocupar la mente de un financiero que se precie.


(Desde aquí mi apoyo a los que, heterogéneos y tan confusos como yo, pero con una importantísima idea clara al menos, siguen estos días protestando contra Wall Street, el mayor cubo de basura del mundo)





sábado, 15 de octubre de 2011

Hopkins en Babelia




Antonio Ortega reseña hoy en Babelia mi antología de la poesía de Gerard Manley Hopkins, El mar y la alondra, publicada por Vaso Roto. Le agradezco los elogios. Se puede leer pulsando aquí.


jueves, 13 de octubre de 2011

La Hispaniola


Escribo esto el 12 de octubre, día de la Hispanidad, que viene a recordar el día en que Cristóbal Colón llegó a La Española, la primera tierra que tocó en el Nuevo Mundo. Y en el Viejo, el fin de semana pasado estábamos en Edimburgo, la ciudad de Robert Louis Stevenson.
En la misma calle en que me alojé, Drummond Street, hay una hermosa edificación de una sola planta. Un restaurante italiano hoy, The Hispaniola, es uno de esos establecimientos temáticos, en este caso dedicado al autor de La isla del tesoro, que frecuentaba el local cuando, fundado en 1834, ostentaba el nombre de Rutherford's Bar y aparte de cervezas y licores no creo que tuviera nada comestible con lo que acompañar la bebida. Cofres de adivinados tesoros, candelabros, pistolones y toda la parafernalia de la piratería adornan el local.
Y es una pena esta concesión al turismo, pues con su fachada de madera sin pintar (de 1899) era uno de los pubs más bonitos de Edimburgo, que es tanto como destacar a una chica entre todas las aspirantes a Miss Universo.
Por otra parte, me pregunto por qué tiene que haber dos contenedores de basura ante su fachada, como un velo (en este caso no islámico sino del consumismo occidental) ante el rostro de una chica bonita.
Vuelvo de La Hispaniola a la ciudad hispalense: en la catedral de Sevilla está el mausoleo de Colón, y en la National Gallery de Edimburgo algunos cuadros de Ribera, Murillo y Velázquez. De este último, "Vieja friendo huevos". No eso, ni manduca italiana, sino una sopa de zanahoria con pan de jengibre y miel de brezo de las colinas (una aliterativa heather hill honey) y filetes de pata de cordero escocés con puré de patatas, regado con sidra tradicional, fue lo que servidor almorzó en el restaurante del museo. Allí yo, leyendo un libro de poesía ante un ventanal empuñado como paraguas transparente contra la llovizna. Nada que ver con el cielo velazqueño del Guadarrama el gris sobre los jardines de Princes Street.
Allí, a la izquierda, tras la servilleta, el monumento a Sir Walter Scott. Telón de fondo del vaso de sidra, en declive que no ve ve desde aquí, la estación de Waverley.



Manuel Halcón





A Manuel Halcón se le va a rendir un homenaje este viernes en Sevilla. De esa estirpe de escritores del campo, del agro de la Bética, como Muñoz Rojas, Halcón fue fin de un mundo de roturaciones antiguas que fue quedando aplastado por los tractores.
Halcón, prosista, estuvo vinculado al grupo Mediodía de Sevilla. Hizo el servicio militar en el Regimiento de Artillería Ligera en la misma batería que Alejandro Collantes de Terán, con quien trabó una buena a mistad, y tuvo el generoso gesto de empeñar su alfiler de corbata de oro y brillantes -trescientas pesetas de la época- para que se pudiera pagar la impresión del primer número de Mediodía, la revista del 27 sevillano.
Primo de Fernando Villalón, a quien dedicó un volumen de recuerdos, dejó su obra repartida en los géneros del cuento, la novela e incluso el teatro. Fue además periodista y director de la revista Vértice. El 5 de agosto de 1989, pocos días después de su muerte, el ABC Literario le dedicaba un número especial con colaboraciones de Juan de Dios Ruiz-Copete, Manuel Barrios, Florencio Martínez-Ruiz o Julio Manuel de la Rosa, entre otros.








martes, 11 de octubre de 2011

Ae Wee Journal of ae Tour of Edinburgh


En el siglo XVIII, su siglo, el doctor Samuel Johnson realizó un célebre viaje por las tierras altas de Escocia y por las Hébridas en compañía de James Boswell, su casi escudero literario. En este siglo, uno de los dos míos -tan viejo voy volviéndome, Señor-, acabo de realizar mi tercer viaje a Escocia. Sería pretencioso llamarlo tour, siguiendo el precedente de las obras que escribieron aquellos caballeros (el Journey to the Western Islands of Scotland de Johnson y The Journal of a Tour of the Hebrides de Boswell), pues me he limitado a la circunvalación de Edimburgo y, además, sólo he estado allí tres días (aunque ya se sabe que el tres es número céltico, y por ello en parte escocés, y muy apropiado para la literatura, como demostró Flann O'Brien en At-Swim-Two-Bids antes, claro, de este centenario suyo que acabamos de celebrar). Tres días en Edimburgo frente a los tres meses que emplearon ellos en su periplo. Y, con todo, no me cambio por ellos.
Ha sido un fin de semana lleno de poesía y de música, que no puede haber mejores compañeras. Nadie me habrá oído nunca mostrar el más mínimo interés por el flamenco, pero lo cierto es que he podido compartir bastantes buenos ratos con cuatro flamencos de Sevilla que pusieron el color más típico español en el Hispanic Festival. Más adelante me referiré a ellos, pero también hubo música a raudales en el acto organizado en la Biblioteca Central, en George IV Bridge. Música escocesa, quiero decir. El acto se abrió con la bienvenida tocada por el enorme gaitero Allan MacDonald, que también cerró el acto con una pieza compuesta por él mismo y titulada "A Salute to Somhairle MacGill-Eain". Y de eso se trataba, de homenajear al poeta gaélico escocés de tal nombre (anglizado como Sorley MacLean) en cuyos versos está tan presente España. Poco podía yo suponer que cuando me invitaron a hablar de Cernuda, charla que centré en la estancia de mi paisano en Escocia, en el mismo acto se iba a rendir tributo a Somhairle, un poeta que traduje con Catriona Zoltowska en 1987. Alison McMorland y Geordie McIntyre cantaron delicadamente varias canciones inspiradas en los escoceses que combatieron en las Brigadas Internacionales. También intervino el polifacético Timothy Neat, director de cine que filmó un documental sobre Somhairle; el mismo Tim realizó en 1963 una serie de fotografías sobre el mundo rural en Cortes de la Frontera y vuelve a la serranía de Ronda dentro de un par de semanas para exponer esas imágenes antiguas (y tanto, que por algo son del año en que nací). El actor John Cairney y la folclorista Margaret Bennett leyeron poemas de Sorley en inglés y gaélico, y ella llegó a cantar una canción en la vieja lengua que me hizo -lo confieso- sollozar y estar a punto de tirar la toalla -empapada de lágrimas- antes de dar mi charla.
Lo hice lo mejor que pude, y creo que con cierto acento del noroeste y, barriendo para Irlanda, un poco del Ulster. Les conté sobre las penalidades de un andaluz indolente y amigo del sol en el país calvinista y fabril, y me atreví a hablarles de "Ciudad caledonia", la invectiva de Cernuda contra Glasgow.
Luego, esa noche y al día siguiente, tomé algunas cervezas con el compositor Jim Sutherland, un tipo que es además tan buen conversador como percusionista (me he traído de Escocia completa la legendaria serie de las Transatlantic Sessions, en las que no sabía que aparece él tocando con Emmylou Harris, Aly Bain y muchas otras grandes figuras de la música tradicional norteamericana irlandesa y escocesa). Jim también vendrá a Ronda a finales de octubre.
En este verano del membrillo prolongado se me hace irreal el otoño y aún el invierno de hace un par de días en Edimburgo, mientras recorría chorreándome el pelo, irrigándolas, las calles de la capital de Escocia, país al que quiero honrar hoy en su derrota ante una muy superior selección española de fútbol a la que seguro que animaba Luis Cernuda buscando la humillación de Glasgow, ay.
Y aquí lo dejo, con una interpretación, en este caso de las Highland Sessions, en la que aparecen Allan (para contradecirme, con la gaita de las tierras bajas) y Jim (con el bodhrán).

De los flamencos hablaré otro día.







lunes, 10 de octubre de 2011

Luis Cernuda vuelve a Gran Bretaña



El otro día, el gran Alfredo Valenzuela, uno de los mejores periodistas literarios de España, me pedía unas declaraciones para la agencia EFE acerca de los actos cernudianos de este mes y el próximo en Escocia e Inglaterra. Éste es el resultado.

El regreso




Se vuelve de Edimburgo como se regresa de un sueño, al que contribuyen, sinestésicamente, la humedad, el frío, la lejanía de una gaita. Aunque la Princes Street esté hecha unos zorros con las obras inacabables del tranvía, y a pesar de la mucha y fastidiosa lluvia (que a decir, verdad, no nos importa), la ciudad está hermosísima y se goza como pocas. No podría aquí dar cuenta de todas las experiencias, aunque trataré de hacerlo, bien que fragmentariamente, en los próximos días. Pero dejo, sí, una imagen del Castillo cuando me dirigía a una de las principales librerías, ya cerca de Charlotte Square:

CAÑONAZOS DESDE EL CASTILLO


Y de súbito, el estampido

desde la mole parda

como el tartán de los más viejos clanes.


Las nubes que descargando su pólvora

asedian el oído.


El humo que se funde

con esta bruma

de un anochecer a las tres de la tarde.


jueves, 6 de octubre de 2011

Sobre un tema de Keats





BRIGHT STAR


Compraste el DVD aquel verano:

carátula con flores y la imagen

de una melancolía Fanny Brawne.

Pasaron las semanas, recorrimos

las regiones en torno, navegamos

en barca, cocinamos, y revistas

y novelas leímos muchas noches.

Pero nunca sacamos la película

del viejo estante azul en el que estaba.

Finalmente nos fuimos y dejamos

olvidado ese vídeo en la casa

de larga dicha en el verano breve.


Y nunca se consuma el desenlace:

constante como estrella, como él mismo

hubiera deseado ser, perenne,

eternamente en él el pobre Keats

no deja de posar para el retrato

que un fiel amigo pinta de él en Roma;

agoniza y jamás roza los labios

de aquella en cuyo prado el ruiseñor

entona melodías detenidas.

Siempre en el pañuelo el vino acerbo

de la tuberculosis derramada,

siente crecer las flores sobre él.


miércoles, 5 de octubre de 2011

Martín Códax contra Michael Jackson





Al parecer, están juzgando en la tierra de El Coyote, allá en Nuestra Señora de Los Ángeles, al médico del pobre pelele que atendía al nombre de Michael Jackson. Nada menos aplicable que el epíteto o apodo de matasanos al doctor de ese enfermo con el que tuvimos que ser demasiado pacientes.
Era graciosillo al principio el niño Jackson, en su troupe fraterna y saltimbanqui. Luego, como no queriendo soltar las amarras con su infancia, y sabiendo que en la edad adulta o en la alta mar naufragaba, le dio por la pedofilia soft-core y atolondrada. Y a dar saltos que, centuplicados por regiones de imitadores en todas las legiones del mundo, hasta en la China, vinieron también a tener efecto en el pulgar de mi diestra, irrefrenable cuando buscaba el botón pertinente para cambiar de canal si él meneaba la pantalla del televisor.
Después se apagó él mismo. Recuerdo perfectamente esa noche. Los americanos, y más los de la costa occidental, siempre se levantan tarde, y por eso cuando yo volvía a mi habitación de un hotel de Vigo llegaba el primer coche policial a su casa, a levantarlo (el cadáver). Desde Galicia, tumbado sobre la colcha, por fin veía quieto a ese muchacho contra el que nada tenía salvo la agresión constante, que no es poco, de su sincopado movimiento y su música que me obligaban a escuchar a la fuerza en radios, televisiones y comercios, y que nada tenía de canciones de amigo.
Venía yo de una celebración cunqueiriana, primero en torno a un libro y de seguido en derredor de percebes, pulpo y demás delicias como ofrendas ante el altar de don Álvaro. No faltó, naturalmente, el toque lírico con el pertinente albariño que lleva el nombre de Martín Códax.
Así, alegre e hipnotizado por el rótulo "Breaking News" de la CNN, despedí a ese infortunado cuya muerte se juzga ahora y que me entretuvo, juglar póstumo y por una vez pasable, la pesada digestión, el tenaz insomnio. Si fuera magistrado junto a esas ondas del Pacífico, yo a ese médico, seguramente culpable, lo absolvería, pues no se puede matar a un zombie, a un muerto.
Con todo, seguramente estaré yo equivocado, porque el productor musical que ha ensamblado otro disco póstumo con grabaciones que dejó el acróbata, lo llama, sin tal vez ni quizá, a palo seco, "el mayor artista de nuestro tiempo".


martes, 4 de octubre de 2011

El sello de un genio






An Post, el servicio de correos de Irlanda, acaba de emitir este sello para conmemorar el centenario de uno de los más grandes escritores irlandeses del pasado siglo, cuyo centenario se celebra hoy. Flann O'Brien, nacido el 5 de octubre de 1911 en Strabane (condado de Tyrone), es por sus novelas y sus heterodoxísimas y desternillantes columnas una delicia para el lector y una pesadilla (pero a causa de haber cenado copiosamente o de haber bebido sin mesura, es decir, con gozo) para el traductor. Como anunciaba aquí hace unos días, a mi traducción de La boca pobre, su novela en irlandés, Nórdica está a punto de sumar con el título de La gente corriente de Irlanda una selección de sus artículos en The Irish Times.
Hoy va a ser un día importante en Irlanda, donde se van a celebrar numerosos actos de homenaje. En la fotografía de abajo, el joyceano senador David Norris, que marcha primero en las encuestas de las elecciones presidenciales irlandesas que se celebrarán a finales de este mes, en una exposición sobre Flann O'Brien hace tres años.




lunes, 3 de octubre de 2011

Pan con chocolate





PAN CON CHOCOLATE


Para Francisco Barrionuevo


La herida bajo el agua oxigenada,

la piel al aire,

el rojo que regresa oscureciéndose

como un vitral de templo centenario.


Su petrificada materia

como huella arqueológica

de heridas recibidas en columpios

que, oscilando, regresan.


Ni cremas anti-age ni zarandajas:

de nuevo he sido niño

cuando al caerme he visto

las antiguas estrellas.


Lo afirma esta postilla

en la rodilla, y lo subrayan

su tirantez, su frágil costra:

hoy mi magdalena de Proust


(mi pan con chocolate).