domingo, 1 de enero de 2012

Lady Agnew of Lochnaw




Ya escribí de ella aquí, pero reincido. Ahora con un poema que escribí el pasado octubre en Edimburgo, la ciudad donde reside en una sala de la planta superior de la Galería Nacional de Escocia.

LADY AGNEW OF LOCHNAW


El uno frente al otro, nos miramos.

Mi asiento azul, tu butaca estampada.

Las gafas recién limpias, la lluvia en el pañuelo

y mi vista cansada, que recobra

su vigor al rozar esta tarde la tuya.


Arrellanada, esperas

que algo suceda, pero me contemplas

sabia, serena, soñadora,

mientras grabo estos versos

en el lienzo ahuesado del escriba.


La gasa tenue y la lazada

de un pálido lila y los festones

sobre las mangas florecidas.

La carne blanca, el cutis sonrosado

al sur del país de los ojos.

El pelo negro que me pide

que lo despeine

en el lienzo lo mismo que en la vida.


El reloj de la sala da la media

con un timbre fugaz como esta cita.

De vez en cuando

unas espaldas se interponen

entre nosotros

igual que el tiempo y el espacio,

pero luego volvemos a mirarnos,

impávidos al amor imposible.


Me muevo por la sala, y donde vaya

tus ojos me persiguen sin reproche

desde unos álamos sobre el río Epte

a unos almiares que la nieve abruma.


Cuando me levante y me marche

definitivamente

de la sala, bien sé

que me seguirás esperando,

sin una sola cana ni una arruga,

y armónicos

tu silencio unido a mi silencio.


5 comentarios:

Juan Antonio Millón dijo...

Bello poema, Antonio. Mesurado y pasional. Un abrazo en el umbral de este de este año andante.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias, Juan Antonio. Que el año nos sea favorable. Un abrazo.

Myriam dijo...

¡Magnífico! Antonio, cuánta ternura puede despertar en un poeta una mujer sin tiempo.

Te deseo un año 2012 pleno.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

También yo ye deseo un magnífico año, Myriam. Muchas gracias.

Olga Bernad dijo...

Me gusta mucho. Y algo hay entre vosotros. Está claro.

Que el año te conserve la mirada.
Un beso.