sábado, 4 de febrero de 2012

Algo sobre Gecé


Leyendo sobre aquel periodo y aquellas gentes, me ha estado saliendo al paso estas semanas Ernesto Giménez Caballero. Curioso e inclasificable caso de escritor comprometido, principalmente con sus desvaríos, este Gecé. Se lee lo que le decía pasando por Valladolid al bueno de José Antonio Primo de Rivera y se asombra uno de la paciencia de este hombre -Primo- que no le hacía de inmediato beber ricino para purgar sus empalagos de senescal lisonjero y descacharrado. El gran vanguardista era al mismo tiempo el más arcaizante, y su fantasía mística anidaba tanto en imperios pasados como en los amperios, motores y maquinarias del futurismo.
Mariano Ruiz-Funes, uno de los mejores ministros que tuvo la República, lo calificó cierta vez como "un Malaparte de menor cuantía". Pero aparte de liante visionario, o quizá por lo mismo, Gecé fue el alma de La Gaceta Literaria, gran revista en la que colaboraban Benjamín Jarnés, Guillermo de Torre o Luis Buñuel junto a Ramiro Ledesma, el mejor impuesto en aquellos años en filosofía alemana e introductor de Heidegger en España.
Tras la Guerra Civil, "Franco lo envió, como embajador, al destino más remoto entonces disponible: Paraguay", comenta Andrés Trapiello en la silueta que de él hace en Las armas y las letras.
Siempre desconcertante, aún recuerdo cómo allá por la Transición saludaba en un artículo periodístico la llegada de Mitterrand a la presidencia de Francia como una oportunidad de encarnar el socialismo nacional, que no sé si era una forma de maldad hacia el gabacho, por aquello de que el orden de los factores no altera el producto.


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