domingo, 12 de febrero de 2012

Cena con amigos


Pero cómo disfrutamos anoche en casa de José María Conget y Maribel Cruzado. Allí, reunidos también con Juan Lamillar e Ismael Yebra y sus mujeres en torno a una buena mesa (y no solo: antes, de pie, magníficas croquetas que pasó en bandeja Maribel), y conversando, riendo, pasaron las horas en un santiamén o veloz abracadabra, como esos latinajos de carrerilla que soltó José María, monumento a su excelente memoria. Se habló de Ribeiro (el escritor) y Bryce (el bebedor), del menisco que el anfitrión se rompió en Lima, de Frank O'Connor (a quien sacó él, que conste, a pesar de mi hibernofilia patológica). De Hemingway y Venecia, mientras Juan tomaba fotografías entre frases y flases. Luego, al despedirnos, ya con los abrigos en la mano, Ismael, que acaba de publicar un excelente memorial no del colegio jesuita de Clongowes en Dublín, sino el de los escolapios al que asistió Cernuda, mencionó a Joyce, y este compareció al final de la velada, en la fría noche, y recordamos la otra memorable cena y tertulia de "Los muertos". Sabio y silencioso, John Huston nos miraba desde la escalera de la casa, rezagado por haberse quedado a beber a hurtadillas no sé si whisky o coñac.
No caí en la circunstancia de que Conget obtuvo el Premio Estado Crítico por su novela Todas las mujeres, que recuperé hace tres años en Paréntesis, y que precisamente el libro que yo le llevé, el segundo tomo de la biografía de Cernuda, lo acaba de obtener en la modalidad de ensayo. Otro lazo. Otro vínculo. Como también que cuando él vivía en Londres habló muchas veces con Rafael Martínez Nadal. Trajo al mantel la anécdota que este le refirió (y que incluyo en el libro) sobre el almuerzo que compartieron Cernuda y Stephen Spender en el Soho, que debió de ser lo más opuesto a la comida nuestra congeniadora, amable, sin aristas.
Fuera de su biblioteca, sus cuadernos y la pantalla del ordenador, uno lleva poca vida social. Por eso corre aquí a dar constancia de noches como la pasada.


(Uno de los relatos de La ciudad desplazada, el más reciente libro de relatos de José María Conget, se desarrolla en Londres. Aquí junto a mí tengo el ejemplar dedicado).