Saliendo de un portal del viejo barrio,
he visto un ataúd que transportaban
con unas ruedecitas hasta un coche
del color del asfalto recién puesto.En doble fila, entorpeciendo el tráfico,
pronto alejó sus flores como otoño
parsimoniosamente tras la esquina.
Conozco bien la calle, el edificio.
Mis amigos y yo siempre jugábamos
por la tarde en la obra abandonada
-pilares sin paredes, suelo en bruto-.
Cuando era tan solo un esqueleto.
2 comentarios:
Escalofriante el sonido de esas ruedecitas envolviendo la memoria de la infancia. Creo haber soñado este poema... ¿o lo he vivido?
bello como frio, como los silencios de la niñez
roberto pac
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