lunes, 6 de febrero de 2012

DONDE LOS JUEGOS


Saliendo de un portal del viejo barrio,

he visto un ataúd que transportaban

con unas ruedecitas hasta un coche

del color del asfalto recién puesto.

En doble fila, entorpeciendo el tráfico,

pronto alejó sus flores como otoño

parsimoniosamente tras la esquina.


Conozco bien la calle, el edificio.

Mis amigos y yo siempre jugábamos

por la tarde en la obra abandonada

-pilares sin paredes, suelo en bruto-.


Cuando era tan solo un esqueleto.


2 comentarios:

Sara dijo...

Escalofriante el sonido de esas ruedecitas envolviendo la memoria de la infancia. Creo haber soñado este poema... ¿o lo he vivido?

Roberto dijo...

bello como frio, como los silencios de la niñez
roberto pac