jueves, 23 de febrero de 2012

La rama y el gorrión


José Cenizo Jiménez ha reseñado Lejos (Isla de Siltolá) en el periódico digital Papel Literario. Siempre sonroja el autobombo pero, en fin, esto es lo que ha escrito:


LA RAMA Y EL GORRIÓN


Muy grato ha sido encontrarnos con este nuevo libro del poeta y traductor Antonio Rivero Taravillo, nacido en Melilla en 1963 pero cultísimo habitante de Sevilla desde hace muchos años. Antonio, desde que abandonó la dirección de La Casa del Libro de Sevilla hace pocos años, ha tenido mucha suerte. Está más libre, tiene más tiempo para la investigación y como resultado ha escrito, entre otras cosas, dos libros sobre la vida de Luis Cernuda, con premio incluido.

Ahora nos regala Lejos, para sentirnos cerca de su propia vida, pues creemos que hay mucho de autobiográfico en esta obra, en cierto modo una mirada atrás y alrededor sobre su mundo, sobre el eje central y universal del paso del tiempo, cuando se acercan los cincuenta (una edad, lo sabemos por experiencia). El “tempus fugit”, con hondo pesimismo a veces, es el tópico recurrente, se acerque a la visión familiar, a la amorosa o a la de la vida -su vida- en general. El padre ya necesita de nuestros cuidados -hemos crecido-, los antiguos amores sólo están ya en las líneas redentoras del verso y las sentencias se acumulan en los poemas, impregnados de un desengaño barroco actualizado: “Huyen los años, mudan los afectos / y todo se concilia con la muerte”; “Todo es separación, adioses, marcha. / Hasta este instante en que estoy a tu lado / brevemente tocado por la dicha”; “Envejecer es esto: / que muera el corazón sin que se pare”.

Un consuelo queda para el poeta: el poema. Al escribir se recupera del olvido lo que se pierde, que, como decía Machado, por eso se canta. Rivero Taravillo, en varios poemas, nos ofrece su poética, basada en estas máximas: el poeta finge (con Pessoa), los libros y lecturas tatúan nuestra alma y nuestra escritura, lo irrelevante cobra luz en los poemas, la poesía renace el mundo: “Las horas son inútiles y frías, / y un verso hace la luz. Renace el mundo”.

Sobrevive el amor en estos poemas, a menudo con la presencia de términos bélicos, como expresión de lucha y batalla. Y dos curiosidades: una, un poema a la suegra, algo inusual, hablando muy bien de ella nos referimos, una especie de segunda madre o sencillamente “Madre”, “(…) pues diste vida / a mi amada y su espíritu tan libre”. El final de este insólito poema es magistral, una verdadera declaración de amor: “Mi propia madre, que murió muy pronto, / no era más que mi madre, pero tú / eres la madre de quien yo más quiero, / y así eres más querida tú que aquélla, / igual que, infinitamente, a mi amada, / la quiere más mi alma que a sí misma”. La otra sorpresa es “La rama solitaria de febrero”, poema en el que cumple aquello de que el poeta logra decir con bellas palabras lo que el lector ha podido alguna vez llegar a sentir, en este caso, la emoción estética ante un detalle aparentemente sin importancia: cómo se cimbrea una rama cuando la abandona un pájaro.

Así hemos vivido este libro lleno de sorpresas y belleza, con la emoción de un lector que se reconoce en cuanto lee, lo haya vivido o no.



2 comentarios:

Sara dijo...

Es la mejor reseña de Lejos que he leído, sin duda ¡qué buena lectura hace de tu poemario, y qué acertada la selección de versos! Me voy a Papel Literario ahora mismito.

Olga Bernad dijo...

Al comentario de Sara me remito.
Enhorabuena.