martes, 21 de febrero de 2012

Las armas y las letras



Hay libros pioneros, que desbrozan un territorio sobre el que adquieren el dominio, sin que éste pueda disputársele. Acerca de la Guerra Civil española y la literatura de quienes la vivieron y murieron por su causa, ninguna obra como Las armas y las letras, de Andrés Trapiello.
De la vieja edición en Planeta, colección Espejo de España dirigida por Rafael Borràs, el contenido se ha trasvasado a otras en Destino y, en formato bolsillo, en Austral. La de Destino, que ya ha conocido varias reimpresiones, alcanzará sin duda un puesto irremplazable en las bibliotecas.
Porque Trapiello, que vierte de continuo juicios con los que se podrá estar o no de acuerdo, pero a los que hay asentir en lo que respecta a la inteligencia, ha remozado su casi enciclopedia con muchos datos nuevos que se suman a los ya antiguos, y con un despliegue iconográfico como no hay igual.
Los diferentes tonos del sepia se conjugan con los más chillones del granate o el azul para reproducir carteles, cartillas, folletos, libros. A la hermosa imagen de cubierta de Carlos García-Alix se suman el diseño y la maquetación de Alfonso Meléndez y del propio Trapiello, y la factura del libro es primorosa.
En cuanto al contenido, se reproduce en general el que ya conoció el primer lector, pero puesto al día y revisado en no pocos aspectos. De entre las aportaciones novedosas destacaría unas páginas recobradas de Sánchez Mazas sobre su increíble peripecia y los torrenciales y políglotas (como una biblia de su desamparo) cuadernos de Rafael Cansinos Assens, ambos textos aún inéditos fuera de las muestras que aquí se ofrecen. Pero hay más.
Y es que Trapiello siempre va un paso por delante de otros estudiosos, porque no se limita a hacer glosas, sino que halla las fuentes sobre las que el glosar viene más tarde. Ya sea en una punta de libros en el Rastro, en el dorso de una tarjeta postal dejada al desgaire en un tomo huérfano, en un cartapacio olvidado, en cuartillas manuscritas en las que nadie reparara, él va acopiando materiales diversos, la cantería con la que levanta su edificio.
Dirá alguien que, como siempre, afloran sus filias y fobias. Cierto: Andrés Trapiello no es un robot, ni la realidad sobre la que escribe uno de los principios de la termodinámica.

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