martes, 14 de febrero de 2012

Una de espías



Me llegan comentarios de que Facebook empieza a exhibir sin rebozo anuncios "personalizados" según la actividad en internet del usuario. Y los escucho con una mezcla de estupor y homenaje a Orwell. Pero hace un minuto acabo de comprobar algo que ya me inquieta, la verdad. En correos electrónicos que no han pasado por Facebook hablo ayer y hoy con dos amigos acerca de Seamus Heaney. Y la empresa del niñato listillo y resentido -que nació ¡en 1984!- me pone en mi muro un anuncio de Heaney. Pero un Heaney Cars o algo así, vendedor de coches Mercedes Benz de segunda mano. Facebook, además de espía, tonto.
A ver si con esta entrada se entera el Zuckerberg ese, y para qué nos vamos a andar con ambages, de que me cago en su puta madre. Que lo de mirar por la mirilla es una cosa bien rastrera y miserable. Y que use el traductor de Google si quiere el gilipollas.

7 comentarios:

Juan Manuel Macías dijo...

Muy bien dicho, sí señor.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Y que tenga cuidado, que me he quedado con su cara de... (bueno, todos sabemos de qué tiene cara).

gatoflauta dijo...

Yo intercambié algún correo con Alejandro Céspedes, a propósito de su recopilación poética "Sobre andamios de humo". Y me aparecieron varios anuncios de andamios (de los de la construcción), cosa con la que nada tengo que ver. Así es la vida, digo, la publicidad internética.

Mita dijo...

¿Te ponen anuncios sin que tú lo permitas?? No lo puedo creer...

Mujerárbol dijo...

Esas cosas las hacen robots, Antonio, nos gastes tiempo pidiendo diccionarios para el caballero ese. Un placer leerte, hibernítico.

Alfredo J. Ramos dijo...

Suscribo. Se alguna duda tenía acerca del carácter "pernicioso" de Facebook, la película La red social las despejó por completo y me ayudó a zafarme de muchas invitaciones de buenos amigos para darme de alta. Aún así, la red-basura recopila información de otras fuentes (Wikipedia, Google, redes profesionales) e incluso te hace creer que estás en ella sin que nunca hayas dado tu consentimiento. Yo creo que su funcionamiento en muchos casos roza lo delictivo (si es que no cae de lleno en ello).

Lucía de Luna, L'letraferit dijo...

En el navegador de Safari, en la pestaña de edición hay una opción al final que se llama navegación privada, con ella, se impide ser expiado o seguido por la publicidad y sus enlaces.
Recuerde que no todos los que seguimos sus comentarios somos publicistas, algunos somos simples personas de a pie en la realidad, habitamos muy lejos de todo, incluso de los oropeles del mundo del arte y la fama, pero nos gusta frecuentar de tiempo en tiempo esos espacios mágicos de los artistas y leemos con cuidado a los que con talento comentan este universo de mundos contrarios llamado tiempo y literatura. A veces cuando leemos es similar a un soñar, como si con esa lectura pudiéramos participar del acto creativo y, entonces como simples y llanos lectores nos convertimos por un instante, en otros, somos parte de ese acto extraordinario de creación y al estar en presencia de lo escrito, fluye la sensación de que lo ordinario se diluye y algo en el alma, nos crea temblores y palpitaciones, muy suaves, muy leves, casi imperceptibles pero por pequeñas que sean, esos latidos nos hacen ver que aún cuando deambulamos una vida cruda hay un espacio donde el sueño todavía es posible.
Respeto su silencio, incluso lo comprendo, espero que no deje de compartir su tinta sólo porque un chaval gringo le bombardeo de anuncios de autos y tonterias la publicidad en su face, su blog o sus correos.
Hay quienes le leemos con honestidad y placer.