La otra mañana

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© Juan María Rodríguez

viernes, 23 de marzo de 2012

Dos poetas aragoneses





Si a la hora de presentar un libro es siempre una muestra de cortesía ser breve, a la hora de presentar dos parece doblemente oportuno. A mí ayer me cupo el privilegio de presentar en Sevilla los dos recientes títulos de Antón Castro y Olga Bernad en la colección Inklings de Ediciones de la Isla de Siltolá. Fui breve, pero esta forma de la cortesía duplicada no estuvo reñida en mi caso con el entusiasmo.

Antón Castro es gallego de nación y aragonés de adopción. Periodista, coordina el suplemento Artes & Letras del Heraldo de Aragón y hasta hace pocas semanas ha dirigido el programa cultural Borradores de la televisión de allí, uno de esos pocos programas que justifican la existencia de un canal público regional. En Youtube encontrarán muchas excelencias del Borradores de Antón, donde se prestaba atención a los libros entre entrevistas y actuaciones musicales.

De entre la veintena de títulos que componen la obra publicada de Antón Castro, solo dos los son de versos: el diezmo que él paga a la Poesía, señora exigente (y memoriosa, pues recuerda varios libros que él le dedicó en gallego, hoy perdidos). De esos dos volúmenes ha seleccionado los textos que componen Versión original, junto con otros dispersos, publicados en revistas y en su blog, más algunos inéditos.

En las páginas de Versión original se percibe cómo en los pasajes en prosa abunda el fogonazo lírico, el cuidado por el lenguaje; la paradoja, la magia, que hacen la poesía. Y cómo en los poemas en verso predomina una intención narrativa. Esta hibridación, como la de las flores que más apreciamos por su belleza, se muestra además en las diferentes secciones del libro. En todas ellas se alternan los textos en verso y prosa, sin solución de continuidad.

Yo no sé si en esto tendrá algo que ver el confeso amor al ciclismo de Antón. En el pedaleo hay mucho del ritmo de la poesía. De hecho, es otra forma de métrica. No olvidemos que los yambos, los dáctilos, los espondeos, son pies, casi pedales. Así, podría haberse publicado Versión original en la colección El Maillot Amarillo de la Diputación de Granada (al menos por su nombre ciclístico). Sin embargo, el libro aparece en Sevilla y en Siltolá, que con las palmeras de su viñeta se ha convertido en muy poco tiempo en un oasis en la edición de poesía (y no solo poesía) en España.

No sabía si Antón tenía previsto leer este “Barral”, pero como un escapado del pelotón me adelanté y lo leí yo mismo, pues en mi opinión demuestra lo que he apuntado sobre la mezcla de narración y poema, de pasión por el ciclismo y de recuperación de otros tiempos, más el erotismo.

Antón Castro mantiene uno de los blogs más dinámicos de la red: antoncastro.blogia.com. Otro blog a tener muy en cuenta, donde fueron apareciendo no pocos de los poemas recogidos en El mar del otro lado, es Caricias perplejas, de Olga Bernad.

A Olga, como a algunos de los amigos presentes en la sala (José María Jurado, Antonio Serrano Cueto o Elías Moro), la conocí precisamente por este mundo de los blogs, y enseguida me hice un fidelísimo seguidor de sus versos. Sus dos poemarios los leí inéditos, y ella fue tan generosa que me permitió prologar el segundo de ellos. “Olga en la nostalgia”, ese prólogo, aparece junto con textos de Eduardo Moga, José Manuel Benítez Ariza, Juan Manuel Macías, Álvaro Valverde y el propio Antón Castro, entre otros, en la primera parte del libro, titulada “Sextante”. En la segunda parte de El mar del otro lado, “Mirafondo”, Olga nos ofrece veintidós poemas nuevos, en los que no solo mantiene el altísimo listón de las entregas anteriores, sino que se supera. Se percibe, además aquí, más capacidad de dar alas a la imaginación, a rondar el misterio, a torcer la realidad que se nos da como impuesta y que siempre pide, al poeta verdadero, que le dé la vuelta. Me gustan especialmente los momentos en los que la memoria no solo se proyecta hacia el pasado, sino igualmente al futuro, y a los condicionales, a las posibilidades. En un breve poema , titulado “Mira”, hallamos un magnífico ejemplo en el verso final: “te mirarré algún día que hoy recuerdo.”

Me sorprendió que anunciara que algunos de los poemas que adelanta en la segunda parte de El mar del otro lado no formarán parte de su tercera colección, y es decisión difícil, porque yo al menos no sabría dejar fuera ninguno. Sus dos poemarios hasta la fecha son Caricias perplejas (como el título de su blog, o viceversa) y Nostalgia armada. Ha sido incluida en varias antologías, publicado también una novela, Andábata (Paréntesis), y es colaboradora de revistas como Turia, Rolde o la revista –bellísima– Isla de Siltolá.

Ayer por la tarde asistimos a algo que por desgracia va siendo cada vez menos frecuente: que los poetas lean sus versos lejos de su ciudad, su provincia, su región. Como andaluz me llenó de orgullo estar en compañía de estos dos poetas aragoneses. Gracias a Javier Sánchez Menéndez por convocarlos, y a ellos, naturalmente, por venir.


3 comentarios:

Alfredo J. Ramos dijo...

Excelente presentación, ART, nos permite asomarnos a la sala y dan ganas de seguir leyendo a los poetas. Como debe ser.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias, Alfredo. Se hace lo que se puede (que suele ser bien poco, claro).

Olga Bernad dijo...

Acabo de "aterrizar", Antonio, y en mi primera visita a la blogosfera me encuentro esta crónica del jueves (futuro hace nada y pasado de repente, ay;-)Todavía con el aroma del azahar en la memoria y sin querer despertar del todo, me doy cuenta de lo afortunada que fui esa noche en vuestra compañía. De lo afortunada que soy por poder recordarla. Gracias, muchísimas. Y un beso.