domingo, 11 de marzo de 2012

Recuerdo del 11 de marzo





Tras los atentados de aquel día en Madrid, los poetas Eduardo Jordá y José Mateos coordinaron en tiempo récord un libro que publicó Pre-Textos en coedición con la librería Rafael Alberti, titulado Madrid, once de marzo. Poemas para el recuerdo. Se trataba de componer un volumen que "intentara dar voz al silencio de los muertos o pudiera acompañar a algunos de los que se habían visto afectados por la matanza." Reproduzco aquí mi colaboración, que parte la experiencia de ver, cuando ya creíamos que nuestros compañeros de la central de Gran Vías y de las otras librerías madrileñas de la cadena estaban indemnes, ellos y sus familias, que no había sido así. Nunca llegué a conocer personalmente a esa compañera de refuerzo de fin de semana.



VEINTE HORAS


Para M. M. M., compañera de la Casa del Libro



Trenes de lejanías los llevaban

donde no llega el sol de la mañana,

donde no luce el día, y la nocturna

paz es una promesa que agoniza

en brazos de un cuchillo agazapado.

Pensaron las familias en los suyos;

el amigo en la amiga, roto el aire;

y nosotros pensamos en vosotros

como un dedo se inquieta por su mano,

y ésta por su brazo, si no siente

la interna procesión de los latidos

de un corazón que expande su secreto.


Pensamos las familias en los nuestros,

nosotros en vosotros. Con alivio,

el jueves, aun terrible, nuestra casa

no estaba en el camino de ese ángel,

ciego, exterminador.

Pero el viernes,

cuando entrasteis los del fin de semana

–los de veinte horas–, supimos

de ti, desconocida,

de ti, hasta ese día ignorada,

compañera sin rostro y ya sin madre.

Y el alivio se hizo pesadumbre.


La mano se dolía por su dedo,

el brazo por su mano, compañera.

Veinte horas después descubrimos,

nuestro ya, tu dolor. No perdonamos.




1 comentario:

ONDA dijo...

Muy bello y también justo, porque en ocasiones , como esta la poesía sirve para hacer justicia.