martes, 13 de marzo de 2012

Tulipanes rojos


Eduardo Jordá




Eduardo Jordá, poeta mallorquín que desde hace muchos años reside en Sevilla, obtuvo el pasado año el IX Premio Emilio Alarcos de Poesía. El libro galardonado ha sido publicado ahora por Visor.
La contraportada del libro incluye uno de esos textos que los autores declaran en tercera persona para facilitar el trabajo al editor. En este caso, no creo que haya muchos lectores de buena poesía o poetas ellos mismos que puedan despreciar la fórmula que establece el premiado: "Jordá cree que la poesía es una ecuación en la que intervienen tres magnitudes: emoción, inteligencia y música, por este orden."
Tulipanes rojos no es un libro rupturista en el conjunto de la obra de Jordá, ni pretende serlo; con los temas de siempre, con su gusto por contar historias, por su piedad hacia la naturaleza y el ser humano, consigue sin embargo poemas que conmueven, usando de la inteligencia y de la música que pregona como necesarias para hacer que la emoción que estaba en germen no se pierda al llegar al lector, sino que se acreciente transformada en palabra.
"Dos cuervos" narra una peripecia de la vida rural en Ardtrasna, paraje del yeatsiano condado de Sligo y título de un poema de un libro anterior de Jordá, La estación de las lluvias. El revoloteo aturdido de los pájaros me ha recordado el maravilloso "Incidente en los Jerónimos", de Claudio Rodríguez. Pero aquí Jordá no se limita a la agonía y al final de las aves, sino que prolonga el suceso en la atención del hombre que los descubre, en la elegía que este (el mismo poeta) eleva por esos dos cuervos cuyo aletazo parece venir directamente de uno de esos relatos indómitos de Liam O'Flaherty. Los ojos del hombre, sus manos, dotan de una dignidad rara a las aves, como si fueran los amantes de un romance castellano. En una de las estrofas, Jordá escribe:


Los coloqué muy juntos
bajo un gran seto de fucsias:
ala con ala,
pico con pico,
muerte con muerte.


Cuando Jordá regresa con sus versos a lugares de Bretaña o Portugal, del Languedoc o baleares, qué bien pasa el peine de sus versos por esos vientos, sus dedos por la tierra. Del Deià en que vivió Robert Graves viene hasta las páginas del libro uno de esos poemas memorables que jalonan a trechos muy cortos la obra de Jordá. "La diosa blanca" es un homenaje no sólo a Beryl, la esposa de Graves (a quien Jordá conoció), sino a la mujer y, por ella, al amor. Copio una de sus estrofas:


Por las noches, paciente, ella calienta
la cama del marido,
que sueña con sus pálidas muchachas
volubles y brumosas como un día de otoño,
o respira, asustado, sin poder dormir más,
y ella entonces le coge la mano, y la acaricia
y respira, respira muy despacio,
porque hay que respirar,
respirar, respirar con calma,
hasta lograr que llegue el sueño.




2 comentarios:

Sara dijo...

Precioso poema, 'La Diosa Blanca'. Oye, ¿sabes si 'Counting the Beats' está dedicado a Beryl? Es uno de esos poemas que se me han quedado grabados para siempre. No conozco ninguna traducción al castellano... ¿llegaste tú a traducirlo?

Antonio Rivero Taravillo dijo...

El poema-homenaje de Jordá se titula igual que el famoso libro de Graves. Sí, Sara, traduje "Counting the Beats". Está en la edición, pero lo pondré aquí antes de que acabe la semana. Aunque no sé si hacerlo de pura envidia: ¡entradas para los Chieftains!