lunes, 9 de abril de 2012

Cúpulas y capiteles


No miento si afirmo que durante semanas -¿meses?- este libro de José María Jurado ha estado en muy buena compañía en mi escritorio. Un sillar más de la muralla que lo hunde y me protege del mundo, ha permanecido junto a ensayos de Seamus Heaney o los versos de Claudio Rodríguez, sobre El fugitivo (la poesía reunida de Jesús Aguado) y bajo una selección de los poemas de Aphra Behn. En los últimos días también ha compartido mesa con libros de Tomás Segovia y algunas obras raras y exquisitas recién arribadas de México. Hoy lo he desenterrado, tan vivo en la literatura como las ruinas de Troya (hay un homenaje a Homero en el libro).
Leí Cúpulas y capiteles nada más publicarse, y los días -tan preñados de afanes- me han ido apartando de su pronta recensión, como hubiera deseado hacer. Tanto tiempo ha transcurrido desde que me acompaña, que ahora el eco, la noticia, ha de ser urgente. Aquí va, y breve.
Entre el centenar de sus páginas están algunas de las mejores que he leído últimamente. No todas, naturalmente, pero qué intensidad tienen estas. Un lector apresurado podría creer que se trata de una colección de prosas que vieron la luz en su blog La columna toscana, pero aquí hay muchos más poemas de lo que parece (solo se ofrecen cuatro en la disposición versal ortodoxa). Sin menoscabo del elemento narrativo de algunos textos, hay versos y más versos -príncipes disfrazados de plebeyos- embozados en la capa oscura y siempre más áspera de la prosa. Esto sucede a menudo, en sucesión de endecasílabos y alejandrinos gloriosos. En algún caso, como en una hermosa estampa de París, a la prosa estrictamente hablando, evocativa, le sucede a modo de coda el lirismo magnífico de emoción y dicción, sin los renglones cortos del verso pero con todas sus cualidades rítmicas.
Sin embargo, no sólo hay viñetas viajeras por ciudades u obras literarias, sino también un excelente puñado de monólogos dramáticos, con introspección psicológica y a la caza de la verdad del personaje, que no hubiera despreciado Browning.
Al final de Cúpulas y capiteles estoy convencido de que Jurado podrá asegurar, como el Marco Polo de su semblanza: "y cuento mis ganancias por lectores felices".
Para las antologías quedarán "Coloquio de Cervantes y Lope, "Stalin", "Moriscos" o el más borgeano aún que cristiano "Cachorro" (que alude, lo anoto solo para los lectores que no son de Sevilla, a una de las más veneradas tallas de la Semana Santa de aquí).
Sí, los libros a los que me refería al principio han estado muy bien acompañados.


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