viernes, 20 de abril de 2012

El crédito social



España se ha introducido en una espiral perversa. Muy resumidamente, se están haciendo grandes recortes presupuestarios con el fin de hacer disminuir el déficit y así evitar el riesgo de una posible intervención de la Unión Europea en nuestras finanzas. De la credibilidad de esas acciones se prevé que se producirá una relajación en la presión de "los mercados". Pero la verdad es que la austeridad y la buena administración de los recursos, siempre loables, dan en nada si luego, por el motivo que sea, en las subastas de bonos los intereses se siguen disparando.
Por esa paradoja, unas décimas de más en los intereses comprometidos en esas subastas cuestan muchos cientos o miles de millones de euros, lo que el supuesto ahorro en gastos de enseñanza, por ejemplo, se va al traste. Como suele decirse, esto es hacer un pan con unas tortas.
El resultado de estropear -aún más- la enseñanza a costa de aumentar las ratios y desgastar a los ya muy maltrechos profesores (especialmente en Secundaria) será un lastre que durará años. Que padeceremos años, aunque quizá no lo notemos, porque siempre se puede ir a peor (así llevamos décadas). ¿No sería más fácil buscar otras formas de financiar el Tesoro, no mediante bonos vendidos a filibusteros de la City o Wall Street sino a los españoles que van quedando (tras los que ya han empezado a emigrar)?
Yo creo que por aquí nos conformaríamos con intereses modestos a cambio de que no se deteriorasen más las condiciones de habitabilidad. Que profesores y padres de alumnos, los que puedan, preferirían dedicar unos ahorros a esto, con un justo rédito (no usura), en vez de soportar aulas imposibles y una enseñanza evanescente, empobrecida para sus hijos. Si se trata de adelantar (dinero, y también en el sentido de avanzar, de progreso), en un Estado verdaderamente democrático la financiación pública debería aspirar a provenir de los propios ciudadanos. De quienes quieren bienestar más que lucro, una sociedad sana más que sociedades anónimas. Digo yo. Pero claro, como no sé de economía a diferencia del ministro del ramo, que trabajó en Lehman Brothers...

9 comentarios:

Al norte de los nortes dijo...

Sería muy interesante buscar otras maneras de financiarse aunque no creo que los españoles medios tengamos la capacidad para autofinanciarnos. Hay una película estupenda con un reparto inmejorable que retrata muy bien la crisis y sus causas, por si no la conoce se llama Margin Call. Con todo un saludo,

Pablo Cordero

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Sí, la vi, Pablo. Muy ilustrativa. Los abusos del sistema financiero habrá que atajarlos como sea; si no, no hay modo. Saludos.

Angelus dijo...

El diagnóstico es certero en lo que a mí más cerca me toca, la enseñanza. Magnífica charla la de ayer en Tomares. Saludos.

Sara dijo...

Interesante abrir el debate sobre esta teoría, que en su momento fue, creo, injustamente condenada al olvido (entre otras cosas, por 'antisemita') aunque algunos partidos ecologistas de hoy día defienden versiones adaptadas a nuestra época. En los años 30 se llevó a la práctica en algunos países- y parece que con éxito- pero el mundo de ahora es muy distinto al de entonces... Yo tampoco sé mucho de economía, pero como tú aborrezco el sistema actual. Por eso creo que la teoría del crédito social contiene ideas que habría que rescatar del olvido, y ahora más que nunca.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias, Angelus, me alegró verte.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Creo, Sara, que no hay que conformarse con la ideas heredadas. Hay que echarle imaginación a la cosa, de otro modo iremos a remolque de los acontecimientos, que, la verdad, no pintan nada bien.

Antonio dijo...

Debo decirle, don Antonio, que me asomo de vez en cuando a su blog desde el de Enrique Barrero, aunque nunca había intervenido; permítame que lo haga haciendo un poco de reflexión en voz alta, más que de crítica a su propuesta.

Ciertamente, don Antonio, no sabemos de economía, pero, aparte de los más o menos inextricables laberintos financieros, una cosa es clara: no se puede gastar más de lo que se ingresa, y nosotros hemos derrochado el superávit y tenemos más de 5 millones de parados. En cuanto a la Educación, por lo menos en Andalucía, los recortes vienen produciéndose desde hace años, y casi nadie ha chistado: en sustituciones que nunca llegan y dejan desatendidos a los alumnos durante semanas, en la exigencia (como mínimo dudosamente legal) de pedirse el alta a interinos y personal en prácticas que estaban de baja médica acreditada, en un desprecio por las ratios, que ahora a muchos les importan bruscamente…; mientras, se derrochaba y se derrocha en ordenadores pagados por encima de su precio que sirven de consola de videojuegos, en becas de 6.000 euros que se emplean en comprarle una moto al nene, en pago de libros a todos, incluidos los que de sobra pueden pagárselos, en aulas TIC provistas de ordenadores cochambrosos y/o infrautilizados, en una enorme red de Centros de Profesores que no sirven absolutamente para nada (para nada útil, se entiende), etc. etc. En Sanidad, las listas de espera son cada vez mayores desde hace años, y tenemos, por ejemplo, personas inválidas esperando en vano una prótesis de cadera que nunca llega, diagnósticos de dermatólogos a través de fotos y no del examen directo del paciente, y enfermos de todo tipo a los cuales se les torea y entretiene, durante años si se puede, a base de analgésicos simplemente con tal de no mandarlos a que los vea el especialista… Y esto ocurre en la millonariamente pródiga ERE-landia, donde nos permitimos además el lujo de una para-administración formada por dizque empresas públicas (en realidad bastante particulares), que hacen el trabajo de funcionarios de carrera que quedan mano sobre mano, y cuyos organigramas suelen presentar una curiosa pirámide invertida: muchos directivos y pocos currantes. No señor, yo tampoco sé de economía, pero sí sé que quien maneja y administra la información, moldea la opinión. Y también sé que para mejorar la Educación no se necesita gastar en toda esa morralla, y sí en cosas como la mejora de las ratios, a las cuales se ha desatendido por completo, ¿o es que ha dejado de haber entre treinta y tantos y cuarenta alumnos en las aulas de Bachillerato?

Para terminar este largo comentario a su entrada, debo decirle que conozco y aprecio su traducción de Yeats, y, desde hace más tiempo, la de Keats, aunque no sea un autor muy de mi agrado (y, en mi opinión, sobrevalorado) y prefiera incomparablemente a su amigo Shelley.

Un cordial saludo y gracias por su tiempo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Antonio, muchas gracias por la visita y el comentario. Estoy de acuerdo en casi todo lo que dice: por resumirlo, y ciñéndome a la Educación, el desastre en que se ha convertido desde hace años (ya lo decía en mi entrada "estropear -aun más-"). La mejora de ratios es esencial; las aulas TIC y los ordenadores en el aula y muchas otras cosas más, no. Que se ha derrochado, es cierto. Que las medidas que se están tomando son perniciosas, indudable. Un Estado no se debe endeudar por encima de sus posibilidades (España lo ha hecho); pero para salir del endeudamiento debe hay que buscar fórmulas que no minen más aún la Educación. Esta sí que exige una verdadera reforma, y no me estoy refiriendo a recortes.
En cuanto a las preferencias Keats/Shelley, sigo fiel al primero, que sobre todo en las odas y sonetos me parece muy superior al segundo. Quizá le resulte interesante saber que estas semanas ando escribiendo un largo texto en que aparecen los dos.

Saludos cordiales.

Antonio dijo...

Totalmente de acuerdo, don Antonio, en lo de la reforma del modelo educativo (una reforma de la Reforma), de otro modo, sólo se parchea; y si aumentamos las ratios acabaremos fastidiándolo todo con bastante probabilidad: que quiten de otro lado, que hay de dónde.

Con respecto a Keats / Shelley, casi le acepto la objeción si me olvido de “Ozymandias”, de las odas al Viento del Oeste y a una alondra, y si trato de no acordarme por un momento del monumental Prometeo. Prefiero a Shelley porque su temperamento solar siempre tiende a lo entusiástico absoluto desde la ínfima miseria existencial, su retórica es maravillosa aunque grandilocuente y tiene ese desgarro, ese “pellizco” que diría un flamenco, y que se refleja hasta en poemitas donde perduran los chispazos de su genio, como éste:

A DIRGE

Rough wind, that moanest loud
Grief too sad for song;
Wild wind, when sullen cloud
Knells all night long;
Sad storm, whose tears are vain,
Bare woods, whose branches strain,
Deep caves and dreary main,–
Wail, for the world’s wrong!

Ojalá, don Antonio, todos los problemas fueran como éste: discutir sobre preferencias entre grandes poetas, que yo entiendo como una excusa para hablar de poesía, una de las óptimas creaciones humanas, sin duda alguna.

La próxima vez prometo no colgarle otra “sábana”. Por cierto, buen poema el de la penúltima entrada y muy originales y amenas las pinceladas feriales. Un saludo muy cordial.