En el escaparate.

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© Juan María Rodríguez

jueves, 12 de abril de 2012

Heteronimia




Salía el mes pasado en las páginas literarias del Faro de Vigo, el periódico que dirigió Cunqueiro, qué gran honor, esta reseña de La gente corriente de Irlanda, la recopilación de artículos que para celebrar el centenario de Flann O'Brien publicó este otoño Nórdica. Nada dice el reseñista de la traducción ni del traductor: será que, aspiración máxima del oficio, le ha gustado aquella porque no ha notado la intromisión de este, olvidando que es versión de páginas escritas originalmente en irlandés (unas pocas) y en inglés (las más). Sí menciona, como suele ser habitual, la lista de seudónimos que empleó O'Brien (no era este su apellido).
¿Dije que celebro que no se mencione mi nombre como prologuista y traductor, concediéndome así el honor de asimilarme a algunos de mis queridos y anónimos bardos medievales? Pues se estropea este bonito efecto cuando, ya a pie de página, como puede comprobarse, veo un heterónimo, ese Antón Riveiro del que nada sabía y que ya es otro de mis nombres. Algo así se llamaba también, recuerdo, el cura que bautizó a Pessoa.