martes, 10 de abril de 2012

Lo que dijo el zorzal





Tú, cuya faz los vientos invernales
padeciera, que has visto la neblina
y oscuros olmos entre querellas gélidas,
para ti Primavera es la cosecha.

Tú, cuyo único libro fue la luz
del supremo negror que te nutría,
noche tras noche, estando Febo ausente,
para ti Primavera es triple alba.

Oh, no persigas la sabiduría,
que no la tengo, aunque mi canto es cálido.
Oh, no persigas la sabiduría,

que no la tengo, aunque la tarde escucha.
A quien el ocio pesa no está ocioso,
y quien piensa que duerme está despierto.


Me he acordado de este soneto de John Keats, que traduje hace años e incluí en Poemas (la edición que cuidó en La Veleta Andrés Trapiello) leyendo anoche sobre John Clare, el poeta campesino de Northamptonshire que lo sabía todo sobre las aves y la flora de su tierra. En un parque de Londres un caballero y una dama se deleitaban con el canto de un pájaro en un arbusto. Y, gentes de ciudad, ponderaron mucho lo melodioso del ruiseñor, quizás pensando en la oda del ya difunto Keats. John Clare, que pasaba al lado, se dio cuenta enseguida de que el pájaro en realidad era un zorzal. El episodio podría llevar como título unas palabras de Eliot, "the deception of the thrush". O, libro de Aquilino Duque, El engaño del zorzal.





2 comentarios:

Manuel Marcos dijo...

Hermoso, y una traducción ejemplar.

Sara dijo...

Una maravilla, Antonio