En el escaparate.

En el escaparate.
© Juan María Rodríguez

viernes, 25 de mayo de 2012

Calle de Luis Alberto de Cuenca






Acaba de parecer el número séptimo de la revista Isla de Siltolá, donde este poema mío aparece muy bien rodeado de colaboraciones también inéditas de Nicanor Parra, Jordi Doce, Juan Cobos Wilkins, Aquilino Duque, José María Jurado o el propio amigo y maestro destinatario de mis versos, entre muchos otros:


CALLE DE LUIS ALBERTO DE CUENCA

Oreada de mar y de navíos,
nace del callejón ciego de Homero
y la baña el sol cálido que lleva
al recreo del colegio de Foxá
y el suyo, en su niñez nunca pasada.

Tiene esquina con Don Ramón de la Cruz
y una biblioteca malthusiana
que lo expulsa del Paraíso perdido
donde a tientas abraza a Milton Borges.

A veces anochece: Edgar Allan Poe
apaga las farolas una a una
bajo el Nevermore oscuro de los cuervos.

A ese balcón se asoman vampiresas,
y tipos con gabardina y cuello alzado
acechan desde patios que Virgilio
siembra de surcos y de hexámetros.

Pálida y prerrafaelista,
cruza el paso de cebra, una gacela,
con Jaufré Rudel, María de Francia.

La calle es quilla de piratas y piras
funerarias de héroes,
y alitera con alas y con olas
junto a puertas almenadas de Camelot y Cirlot.

Desemboca en la glorieta de su gloria
y en el anchuroso parque de la amistad, concurrido
por aquellos para los que no hay papel en los bosques
que acredite a todos y cada uno
de los privilegiados residentes
con derecho a aparcar las cuadrigas o drakkars.

Y no es calle en el fondo, sino una ciudad.
O mejor dicho: el mundo.

El mundo, que es mejor porque lo habita
Luis Alberto de Cuenca.

6 comentarios:

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Volvemos a estar juntos, querido Antonio. Hay unos versos míos en ese número. Un abrazo.

Juan Manuel Macías dijo...

He pasado muy buenos ratos con la poesía de L. A. d C., cuando aún no sabía (feliz de mí) que había que ser de la experiencia, de la diferencia, del conocimiento, de la comunicación y vaya usté a saber de qué más. Yo, desde luego, no me pienso sacar el carné de nada: libre, como los pajaritos. Pero tu poema no sólo es un precioso y preciso homenaje. También es un estupendo poema. Y qué buena la imagen de Poe apagando las farolas.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Deseando leerlos estoy, Antonio. Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias, Juan Manuel. Afortunadamente, ese belicismo lírico al que te refieres, ya pasó, y hoy no hay más trinchera que el foso que separa siempre a todo poeta del castillo que asedia y rara vez se le rinde. Un abrazo.

José María JURADO dijo...

Hola, Antonio: mi colaboració en la revista es, precisamente, el texto que leí en la presentación de "EN LA CAMA CON LA MUERTE", coincidimos en el homenaje al gran LAC.
El poema es espléndido.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues será un placer leer con mis ojos ( una pérdida) lo que tú ya tan bien leíste y recuerdo muy gratamente. Y gracias por el comentario. Un abrazo.