lunes, 4 de junio de 2012

La emoción del poema



Claro que el poema es el lugar de la emoción. Pero sucede que el mal poeta cree que es el de la suya, cuando en realidad ha de ser la del lector.

6 comentarios:

Juan Manuel Macías dijo...

Qué gran verdad. Pero eso que dices también puede aplicarse a la escultura, al cine, a la música... Tal vez la poesía, la eterna hermana pequeña y pobre, tenga que pagar siempre el impuesto del significado. Pero, en el fondo, creo que todo es igual, ¿no? Un abrazo y una pinta de Guiness bien tirada (utopía :-).

L.N.J. dijo...

Pues a veces precisamente ocurre todo lo contrario, lo que hay, son malos lectores.

Saludos.

Manuel Marcos dijo...

Como decía Ramón Irigoyen, un poema si no es una pedrada- y en la sien- es un fiambre de palabras muertas, si no es una pedrada que partiendo de una honda certera se incrusta en una sien y nace un muerto.

Every poem an epitaph, Eliot

Salud
Manuel

Olga Bernad dijo...

No puede ser más cierto. Pretender otra cosa es como pretender que un poema sea bueno porque el que lo ha escrito sea o se considere (que no es lo mismo) buena persona.
Sin embargo, cuando su emoción conecta con la de algún lector todo eso crece de una manera mágica. Difícil de explicar.

Anónimo dijo...

Quien escribe está escrito y se lee.

Juan Manuel Macías dijo...

Completamente de acuerdo con Olga. Y es que ya cansa hablar de poetas, y del poeta que poetiza, y de los sublimes, y del que se siente estupendo por llamarse poeta. Y lo de que el poeta ve las cosas de otra forma, con sus gafas de poeta y todas esas tonterías. Hay que abolir al poeta para mantener a salvo a la poesía. Que vivan los poemas y que mueran, de una vez por siempre, los poetas.