sábado, 30 de junio de 2012

A la vejez, novela



Haber empezado a escribir novela a cierta edad tiene sus ventajas. Una, combinada con el ejercicio previo de la poesía lírica, es que el yo, las efusiones, la propia historia pueden quedar fuera. Permanecen, sí, destilados, la personalidad de uno, sus intereses, aquello a lo que dirige su curiosidad. Con la que estoy escribiendo ahora siento algo que me causa una gran zozobra: la idea fija u obsesión de no malograr la estupenda historia que tengo entre manos, que ya estaba ahí pero que voy desenterrando con pasión y paciencia de arqueólogo. Una historia que es tan increíble que no tengo que inventar nada. Aplicarme, eso sí, a encontrar las piezas rotas, y lavarlas, y unirlas. Con todo, a diferencia de la arqueología, no hay un modelo exacto, no tengo que recomponer una figura para que coincida con la ya expuesta en ningún museo, con las que ornan las láminas de los estudiosos. Un poderoso pegamento suelda las piezas, la imaginación.

4 comentarios:

enrique baltanás dijo...

Mucha suerte con esa novela,A.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias, Enrique. Estoy seguro de que la trama, si no la estropea el novelista, te gustará. Un abrazo.

Innisfree dijo...

Disfruta del viaje, Antonio. Valdrá la pena, seguro.
Un abrazo.
Chesús

Olga Bernad dijo...

¡Ganas de leerla!