miércoles, 13 de junio de 2012

Noche y eternidad en el Alcázar




Y allá que nos fuimos, al primer concierto del ciclo "Noches en los Jardines del Real Alcázar", a pasear una vez más entre el mirto y bajo las palmeras. La sensualidad del lugar es difícilmente trasladable aquí, pero el espacio comprendido entre la Galería del Grutesco y el Cenador de la Alcoba se ha convertido ya, desde hace años, en uno de los lugares más gratos para la vista y el oído que pueda recordar. 
Con vihuela y guitarra barroca, Juan Carlos Rivera, y en la voz Mariví Blasco, ofrecieron piezas de tema amoroso del Renacimiento y del Barroco español. Hubo versos de Lope de Vega y el maravilloso instrumental "Guárdame las vacas" de Narváez. Si me tuviera que quedar con un solo momento, este sería el de la interpretación del anónimo "Al alba venid", pero este "Peinándose estaba un olmo" también fue memorable. 
Hay una presciencia en las canciones, en los romances que uno va hilvanando en la cabeza, adelantándose a quien los canta, gracias a la rima. Una forma de vaticinio en la magia nocturna. Me sucedió en varias ocasiones. Sí, estuvo bien ser poeta del siglo XVI, fuera del tiempo.

1 comentario:

Sara dijo...

Doy fe. Si pudiera trasladarme a cualquier lugar del mundo en una noche de verano, elegiría éste y no otro. La huella que dejan los jardines del Alcázar - por esa sensualidad de la que hablas- es imborrable. Afortunado tú.