miércoles, 18 de julio de 2012

Las poesías completas de Edward Thomas




Con una diferencia de escasas semanas, y de la mano de dos más que dotados poetas traductores, la no muy extensa obra lírica de Edward Thomas ha venido a aposentarse en nuestra lengua, subsanando con ello un prolongado silencio.
Las he leído con atención. Primero porque Thomas es un excelente poeta, y además porque es alguien que apela desde hace algunos años a diferentes aspectos de mi propia escritura (le he dedicado un poema y compartió escenario, bien que bastantes décadas después, con otro poeta que ha llegado a subyugarme y sobre el cual he escrito una novela que todo parece indicar que se publicará el año próximo, junto con una antología de sus versos).
No miento, pues, si afirmo que he estado jugando al tenis con ambas ediciones, yendo de continuo de una a otra, recorriendo los dos lados de la pista, y ello sin dejar de ver en ningún momento la bola, the ball, el original inglés.
Ben Clark ofrece una introducción sucinta en Poesía completa (Linteo). Tras esas siete páginas comparecen los poemas, y ya allí se percibe un modo de traducir distinto del de Gabriel Insausti, responsable de Poesía completa (Pre-Textos). Clark saca ventaja a Insausti en la comprensión de la lengua inglesa (es hablante nativo o, por mejor decir, bilingüe); así, no comete algunos de los deslices en los que cae Insausti, quien, por ejemplo, ya en la primera página de su versión resbala en la palabra highwaymen, que lejos de significar "viajeros"se refiere a "asaltantes", en todo caso antagonistas de los primeros. Hay otros ejemplos, afortunadamente no muchos. Pero en honor a la verdad, ¿quién no ha desbarrado en alguna ocasión? Aquí además el tropiezo viene con la "ayuda" de un casi falso amigo que nos embosca y sale al paso, como un auténtico salteador de caminos.
En otras ocasiones, el loable sometimiento del verso traducido al ritmo (casi siempre en metro alejandrino o endecasílabo) hace que en Insausti ciertas frases queden un tanto desvaídas cuando no amputadas. Por ceñirme al primer poema ("Con el viento"), and the one bulging butt that's like a font pasa a ser un romo "con aquel saliente extremo" ("y el gran y rebosante aljibe como una pila bautismal" es la solución que adopta Clark). O, algo más abajo, crying when the stone-curlew yodels, tan matizado, muda en un insípido y vago "se expresa cuando cantan los pájaros". Clark traduce, con mayor exactitud: "que llora cuando el zarapito canta su canto tirolés".
Por contra, y podría ahora aducir multitud de ejemplos, Insausti obtiene momentos felizmente expresivos gracias a ese apartarse a menudo de la literalidad. Porque el navarro obtiene un logro indudable y por el cual le estamos profundamente agradecidos: que merced a la música del verso español, que él pone, Thomas se lea como lo que es, un gran poeta. En esto, Clark, hay que decirlo, le va a la zaga, aunque su verso sea más musical de lo que el mero censo de sílabas delataría en un primer cómputo. En los poemas largos, además, este opta por aumentar el número de versos, que no es mala solución sino, al contrario, un airoso modo de eludir a Procusto.
Cuando se traduce poesía no se puede estar pendiente de la literalidad, como predicaba un pintoresco ornitólogo que se quejaba, en una carta que pude leer no hace mucho, de que en determinada versión poética los nombres de los pájaros en español no se correspondían siempre con los del original inglés, sin tener en cuenta que al traducir poesía no se puede estar más pendiente de Linneo que de la prosodia, siendo naturalmente lo más deseable conciliar ambas cosas pero, ante la duda, y por ceñirme al ámbito de la capital británica, teniendo más la vista puesta en el Poets' Corner de la abadía de Westminster que en el Museo de Ciencias Naturales de Kensington.
Tiene la edición de Insausti el añadido de un extenso y magnífico prólogo, tan informado e ilustrativo como nada cargante, y una muy conveniente y detallada cronología, elementos que, junto con las notas al final de volumen, proporcionan un cabal acercamiento al autor de los poemas y su mundo. Sobresaliente es el epígrafe que dedica a la posteridad literaria de Thomas. Una cosa le reprocho entre los muchos parabienes que merece su esfuerzo: llamar "romántico menor" a John Clare, alguien que, puestos a hablar de poetas "recuperados" y de la naturaleza (cosas ambas que lo aproximan a Thomas) tampoco ha dejado de crecer en estima crítica durante los últimos treinta años.
Nos hallamos, en suma, antes dos invitaciones complementarias a la obra de uno de los grandes poetas ingleses del primer tercio del siglo XX, amigo de Robert Frost y maestro de muchos que vendrían. Un poeta tardío muerto joven.



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