viernes, 27 de julio de 2012

Para un catálogo de errores

La de las erratas es la única fe que me va quedando, íntima constatación eufemística de los patinazos, de los gazapos, de las meteduras de pata. Casi siempre queda impunemente para mi coleto, pero hoy quiero pregonar algunos errores propios, como una parte indivisible de los posibles aciertos. 
No puedo afirmar yo lo que tan bien expresó Luis Rosales: "sabiendo que jamás me equivoqué en nada, / sino en las cosas que yo más quería". La lista de mis desaciertos toca tanto lo bajo como lo elevado. Por ejemplo, aquel primer libros de prosas sobre ciudades, en el que muy atinadamente vio Enrique Baltanás, al reseñarlo, una puntuación manirrota. Ahora veo aquella hipercorrección como si se me hubiera regalado un saco de comas con la orden de emplearlas todas, sin dejar ninguna.
En otra ocasión, me las di de listo en una reseña (en este caso el crítico era yo) y a un novísimo, nada menos, le enmendaba la plana de la métrica, tan quisquillosa como injustificadamente. 
Hace un par de semanas, por otro lado, me llegaban ejemplares de una novela que traduje, ahora con nueva sobrecubierta, más atractiva. Hojeándola, para mi horror, volví a encontrarme con una pródiga tilde en el nombre de pila de Oscar Wilde, que no sé por qué di en escribir una y otra vez Óscar, también por ese vicio de ser excesivamente meticuloso hasta el punto de acentuar un nombre extranjero y, además, sobre mayúscula, para distanciarme aún más de los descuidados y remisos a la ortografía.
Hoy, leyendo sobre las Olimpiadas y cierto protagonismo que se quiere para ellas de la poesía, he dado con un verso de Alfred Tennyson que ha sido grabado en los estadios. Procede de su "Ulises", y lo traduje hace muchos años para una edición que publicó Pre-Textos. El artículo de El Cultural lo traduce como "Luchar, buscar, encontrar y no rendirse". Inmediatamente, mi oído me apunta: es mejorable. Y ciertamente lo es, pasado al endecasílabo "Luchar, buscar, hallar y no rendirnos" (aparte del acento en sexta, que pide la prosodia, la primera persona del plural, como exige el que Ulises se esté dirigiendo a los suyos con un repetido "nosotros"). Pues bien, tomo del estante el hermoso volumen con viñeta de Ramón Gaya y mi versión y veo que eso fue lo que yo escribí, pero inexplicablemente con el orden cambiado. En La Dama de Shalott y otros poemas (pág. 89) se lee: "Luchar, hallar, buscar y no rendirnos". Hago gracia al lector de una errata que se coló en el original, y le dejo aquí el verso de Tennyson, donde se verá, por si no fuera suficiente el asombro ante mi dislocada traducción, que el orden era bien distinto y ciertamente el lógico: "To strive, to seek, to find, and not to yield." 


Cartel de un acto preolímpico en homenaje a Tennyson en el que participó Andrew Motion, también como él, tantos años después, Poeta Laureado de Inglaterra.

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