jueves, 16 de agosto de 2012

Sala de Alepo



El museo de Pérgamo la guarda
tras una cristalera. Solo ella
intacta sobrevive a la ciudad
de ventanas fantasmas y de escombros.
Sus puertas son muy bajas, y está bien
que lo sean, espejo de este instante:
tener la frente alta es muy difícil
ante tanta matanza cotidiana.
La lacada madera no la tiznan
ni el humo ni la sangre, y la metralla
no la roza: en otro huso horario
hace añicos los muros que albergaran
estas tablas polícromas, su sueño
de una remota prosperidad.
El museo de Pérgamo la salva:
una célula sana que extirparon
de todo ese tumor que allí se extiende.


                                                                                    Berlín, agosto de 2012