jueves, 13 de septiembre de 2012

El distraído


Estatua de Antonio Machado en Baeza

En las personas que admiramos, los defectos, muchos de ellos, truecan en virtud, porque las humanizan y les dan un perfil más vulnerable, en su grandeza.  Es lo que sucede con el "torpe aliño indumentario" de Antonio Machado, de quien se cuentan varias anécdotas que abundan en este rasgo de su personalidad. Cómo olvidar, por ejemplo, la del huevo frito durante días abandonado a figurar, seco, yerto, en el museo de cera del descuido machadiano.
Esta otra también la conocíamos, pero hoy la he encontrado en el libro que la consigna, el delicioso Vida en claro, de José Moreno Villa. Quien vivió durante veinte años en la Residencia de Estudiantes evoca así a mi tocayo:

     Recuerdo bien dónde lo vi por vez primera. Estaba parado en la puerta del Ateneo. Yo venía con Juan Ramón, que me dijo: "Mire, aquél es Antonio Machado. ¿Aquél tan sucio?", le pregunté. "Sí".
     Además de sucio era distraído. Una tarde, me senté a su mesa en el Café Kutz. Estaban con él su hermano Manuel y un tal Fernández que sabía de teatro. Éste y Manuel estaban fumando, yo saqué mi petaquilla, tomé un cigarro, y como los que yo fumaba no solían gustar a los españoles, no le ofrecía a Antonio. Éste, sin embargo, distraído, y creyendo que yo le había dado uno, encendió una cerilla y se la aplicó a los dedos llevados a la boca. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿No es Vida en claro?

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Efectivamente, es "Vida en Claro". "Pasado en claro" es el título de un poema de Octavio Paz. Gracias por alertarme del lapsus.

Anónimo dijo...

Es que acabo de leer el libro.Efectivamente,es una maravilla.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Sí, es un libro estupendo por muchos conceptos. Volverá por el blog más pronto que tarde.