martes, 18 de septiembre de 2012

Memorias de Rushdie




Según declaraciones de la editora alemana de Salman Rushdie, estoy tentado de pensar que las algaradas que en muchos países tienen lugar estos días por el mahometano asunto son interpretadas por "ganchos" de Bertelsmann: el motivo, o el móvil (porque hay crímenes), la publicidad del autor amenazado por la fatwa, que acaba de sacar sus memorias.
De Rushdie recuerdo haber leído Hijos de la medianoche cuando estudiaba Filología Inglesa en Sevilla, y Vergüenza para unos cursos de verano en la Universidad de Edimburgo. Ambos ejemplares me los prestó Teresa, mi mujer, que me llevaba un año de ventaja en los estudios y ya había asistido unos meses antes al mismo programa de la capital escocesa. Supe entonces que ella lo había conocido en un congreso en Málaga. La firma que Rushdie estampó en el ejemplar en aquella ocasión es la que aparece en la fotografía superior.
Luego, en 1989, empecé a dirigir una librería inglesa en mi ciudad, y al poco se produjo el escándalos de Los versículos satánicos. Pasaron por mis manos un par de ejemplares de la primera edición (creo que el sello editorial era Viking), encargos de sendos clientes, quizá más llevados por la curiosidad que por genuino interés literario. Enseguida los ayatolás pusieron precio a la cabeza de Rushdie, los libros fueron retirados de la circulación, como su autor, y ya no pude hacerme con uno. Hoy valdría un buen dinero, menos en cualquier caso que el importe de la recompensa homicida. 
Sería concederle un triunfo a los alborotadores agotar este asiento del blog en la hipotética blasfemia y la persecución de Rushdie. Aquellas dos novelas me parecieron magníficas, en particular Hijos de la Medianoche, que es uno de esos libros de ficción que cuentan mejor que cualquier otro de historia las vicisitudes de los pueblos, de las personas.


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