lunes, 8 de octubre de 2012

Cosas

Consulta a diario la agenda. Solo por curiosidad de saber qué compromisos y tareas olvidó la víspera.

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Ingrato esfuerzo de proporciones míticas: corregir pruebas de un texto que no leerá, seguramente, nadie.

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Leer a un argentino y hacerlo, sin despegar los labios, con acento porteño, en la tonada y hasta en la fonética. Sin afectación, como lo más natural del mundo.

3 comentarios:

Rafael dijo...

Comprendo perfectamente la sensación que produce la segunda de las anotaciones.
Brindando al sol...

gatoflauta dijo...

Respecto a esa segunda anotación, copio, de la VII Carta a Lucilio de Séneca: "Bellas también son las palabras de aquel, fuera quien fuese, ya que son de autor dudoso, el cual, preguntado por qué ponía tanta solicitud en unas obras que habían de llegar a poquísimos, dijo: «Me basta con esos pocos, me basta con uno, me basta con ninguno»".

Carmen Leal dijo...

¡Es decir, que tú también lees con acento! a mi me pasa cuando leo a Cunqueiro, bueno y a otros gallegos: los leo (sin desplegar los labios) con acento. Y me enamora.