viernes, 12 de octubre de 2012

Los signos de puntuación



Son muchos los poetas que prescinden de ellos, y la lista de sus nombres sería muy extensa (¡sin comas entre unos y otros!). Una de las respuestas a por qué lo hace así la he leído esta semana en una conversación entre los poetas Francico José Cruz y Óscar Hahn en la revista Palimpsesto. Y, la verdad, expresado de ese modo, parece irrebatible el motivo. Dice Hahn, y hace casi un poema de su aprehensión: "En algún momento los signos de puntuación me empezaron a molestar. Los veía como hormigas muertas en un vaso de leche."

3 comentarios:

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Querido Antonio, es un argumento estético, una especie de rechazo visual. Hasta ahí, de acuerdo. Sin embargo, la tesis de que el lector de poesía es capaz de poner los signos a medida que lee es falible. Mi experiencia como lector me dice que la ausencia de signos de puntuación menoscaba la musicalidad del verso (se lee, al menos la primera vez, con cierta torpeza). Claro que muchos poemas que he leído sin signos no tenían musicalidad alguna, aunque los llevaran. Un abrazo.

gatoflauta dijo...

A mí me parece curioso que se presente la falta de puntuación como una "modernidad": el verdadero invento son los signos de puntuación. Originalmente se escribía sin ella; surgió más tarde, como respuesta a una necesidad evidente (véase, por ejemplo, lo que al respecto dice el "Método fácil y rápido para ser poeta", de Jaime Jaramillo Escobar, Pre-Textos 2011). Allí también se dice que "exceptuando algún monólogo, la falta de puntuación difícilmente alcanza categoría literaria". Completamente de acuerdo. Imagino, por lo demás, que, al decirlo, el autor estará pensando concretamente, como pienso yo, en el monólogo de Molly Bloom que cierra el "Ulises". No sé si existe de hecho un solo ejemplo más en que la falta de puntuación realmente añada algo valioso; y, por lo demás, eso que añade lo añade precisamente por contraste con el discurso puntuado normalmente. Si la puntuación desapareciera, ese añadido desaparecería con ella.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

De acuerdo en general con ambos. Con la matización de que en su día tuvo cierto sentido el rupturismo con la tradición, aunque luego lo más sensato ha sido volver a las convenciones ortográficas. Para el monólogo interior o "stream of consciousness" creo que sigue valiendo, ya sea en prosa como en verso (pienso ahora en "Entreguerras" de Caballero Bonald). Que yo recuerde, solo he prescindido de la puntuación en dos poemas de los años ochenta (uno bajo la égida de e. e. cummings, que sin embargo la empleó en parte, y otro vanguardista en la que también rompía con la sintaxis y que ya solo considero un experimento).