miércoles, 3 de octubre de 2012

Un diminutivo



El tiempo, y en un lapso pasmosamente corto, puede apearnos de nuestras ideas. Lo digo por el diminutivo "pequeñitas". No está prestigiado el diminutivo en el lenguaje escrito, ni siquiera en el oral, más allá del círculo de los afectos, y cuando aparece en unas declaraciones como las que transcribo a continuación se justifican solo por el encanto de quien lo dice. Se ve esta fotografía que le tomó Felix Broede para la casa discográfica de ella, y que reproduce Babelia, y todo está justificado. Parecen versos: "Nosotros los cantantes somos como hojas pequeñitas, seguimos la corriente, solomos seres volátiles." Repito con otra disposición lo que declara la soprano francesa Patricia Petibon (no sé si originalmente en nuestra lengua o traducida):

Nosotros los cantantes
somos como hojas pequeñitas,
seguimos la corriente,
somos seres volátiles.

Eso es lo que canta, musical, Petibon: tres heptasílabos y un eneasílabo. Métrica aparte, la idea es my sugerente.
Un rato después prosigo con la lectura de Memoria, el magnífico volumen que recoge los recuerdos de José Moreno Villa. Y vuelvo a toparme con el diminutivo en la boca, o de la pluma, de ese señor con bigote que a ratos se parecía a mi padre y como él también era químico. Está hablando de una tarta y la relación entre ración y razón, cuando escribe: "El caso de la tarta, vulgar y pequeñito, fue a ponerme de lleno otra vez en el camino de la comprensión del idioma." No solo de damiselas angelicales es el uso de la palabra, y me gusta la riqueza de la lengua, y recupero la sorpresa de hallar, cuando empecé a estudiarlas, que las lenguas célticas frecuentan los diminutivos. Así sucede con el irlandés, que además del beag (little en inglés) tiene los sufijos -án e -ín, que lo acercan al español y de los que la lengua inglesa no puede dar más que una sombra.
Y me reconcilio con el diminutivo "pequeñito", que une el sufijo de pequeñez al adjetivo que ya porta su significado. Es una palabra perfecta, que así misma se subraya.
¿Querrían los amigos de Deutsche Grammophon hacer llegar estas líneas a la hermosa y superlativa Petit... digo, Petibon?

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