viernes, 2 de noviembre de 2012

Dictado por la lluvia



Lluvia e infancia son aliadas en la memoria, haciendo bueno el verso de Borges de que la primera es algo que sucede en el pasado. De esa experiencia surge este poema que escribí hace unos días. Formará parte de mi próximo libro:


NUEVA BORRASCA ANTIGUA

El tamtam de la lluvia,
estas lianas danzantes de la lluvia,
el grito –hoy un gallo– del trueno
entre la lluvia.
En lo alto de los más altos árboles,
la borrasca es la misma que cuando era un pigmeo,
un aborigen de la felicidad.

Entran ganas de salir a nadar
a esquivar cocodrilos
y recorrer la selva
persiguiendo la lluvia
con solo un taparrabos.

La lluvia
que cae de la trompa de un elefante
y empapa barritando el cabello de Jane;
la lluvia que acarrean,
portadores de lluvia, tantos negros
nubarrones, sus tribus;
y todos sus escudos, los paraguas.

Las ramas superiores son varillas
que sostienen la fronda impermeable
bajo gotas que manan del pasado,
rebosan de los poros del recuerdo
y enjugan, lavan, borran, purifican.

Con nubes y borrosa la señal,
cada charco es la tele en que veía
–dientes muy blancos– a la mona Chita.
Las lanzas de la lluvia, de la lluvia,
de la lluvia, la lluvia
repetida y monótona.

Rayada, altísima,
hermana de cebras y jirafas,
la melena salvaje de la lluvia
salta como melena de leones,
sus punzantes colmillos.

Hoy llueve en aquel patio, en la pantalla
de la choza, el salón,
y los pronósticos del tiempo
se han cumplido para aquel día gris
de 1970.
Acierta Mariano Medina.

Fijo en su mapa,
hoy el anticiclón de las Azores
queda lejos, muy al norte de Tarzán.

1 comentario:

Ars Vitae dijo...

¡Precioso retorno a la infancia!
Una delicia de poema.