sábado, 17 de noviembre de 2012

La Caixa de Reclutas


Las Atarazanas, vistas desde la calle Dos de Mayo, ayer por la mañana


Lamentarse ahora a tiro pasado, cuando este ya nos ha alcanzado de lleno, a quemarropa, poco sentido tiene. A uno, donde le gustaba que se plantara el CaixaForum era en el centro de la ciudad, que es donde mejor lucen los focos de cultura. Los descampados están bien para que pasten las vacas y para que sea más elevado el número decimal del taxímetro al pagar la carrera.
Pero ya digo, la Caixa (a fin de cuentas quien pone el dinero) ha decidido el emplazamiento de su fórum en la torre Pelli y no en las Atarazanas, donde inicialmente había dicho. El vaso a medio llenar pide que nos felicitemos por la relativamente pronta inauguración del complejo, aún no se sabe si en el mástil todavía sin velamen del edificio o en la nave tendida, también en astillero, que se tiende, buque fantasma, a sus pies. Lo que no impide que nos inunde la zozobra de no saber qué será del varado edificio donde hace siglos se armaron tantos barcos y donde ahora solo parece quedar la sombra de un naufragio, una vez que se ha confirmado que la botella de champán se romperá contra otro casco en una botadura que no será reflotamiento, con esa segunda vida y hasta tercera que han tenido muchos briosos navíos.
Sobre la calle Temprado ha vuelto la incógnita. Sobrarán ideas, pero me temo que faltarán voluntades. Sevilla precisa un toque de diana. Muchos varones recordarán que allí estaba la Caja de Reclutas, donde había que cumplir el trámite del alistamiento en el Ejército. Luego, los que teníamos los pies planos o toda una impedimenta de dioptrías en los petates de los ojos, teníamos que ir al Hospital Militar, allá donde Pineda, para ser declarados, si procedía, no aptos para el servicio de armas.
Nuestra memoria está doblemente mutilada; para muchos, con gozo de que jugar con los tanques haya quedado como cosa del pasado (salvo para ese botarate catalanista que reclama para el futuro su parte alícuota de cañones y cadenas), pues ya no existen ni Caja de Reclutas ni Hospital Militar. Ambos edificios son bajeles a la deriva. En la capital y su entorno se han construido recientemente hospitales, pero donde a uno le decían que podría disponer de un año extra de su vida, en convalecencia libre, es hoy una elevada escombrera, sin uso. Un derroche, otro más.
¿Qué sucederá con las Atarazanas? Su edificio, como un almirante entrado en años y achacoso al que le ha brillado en los ojos la ilusión de posibles nuevas campañas, ha pasado de nuevo a la reserva. Entretanto, el tiempo labra en él sus insidias.

(El Mundo, edición de Sevilla, 17-11-12)

No hay comentarios: