jueves, 29 de noviembre de 2012

Mi primer Kindle




Al final, me he hecho con el Kindle, el dispositivo de lectura en pantalla de Amazon. Pero no me he dejado tentar por las nuevas versiones que lo asemejan a los cacharros más sofisticados de Apple y la competencia. Lo que tengo es el modelo más sencillo, aunque en puridad ni siquiera ese tengo: leo con él en aparatos de la marca de la manzana, pues, ya que se trata de lo digital, de lo virtual, he prescindido, como si fuera un libro en papel, al que sustituye, del mismo objeto físico, el Kindle como tal, y me he descargado el programa gratuito para su uso en la computadora y el celular (un saludo a los amigos del otro lado del Atlántico). No leo, pues, en textos que se componen y descomponen en la llamada tinta electrónica, pero la pantalla del MacBook Pro o la del iPhone tampoco son moco de pavo si no se abusa.
No me había decidido a usarlo hasta ahora porque los libros que a uno más le interesan suelen tener ya cierta edad y muchos no se hallan revestidos aún (quizá nunca lo estén) de su traje digital; otros, aun siendo actuales, no salen como libro electrónico porque son de ensayo o poesía y pertenecen a editoriales que todavía no han adoptado esta tecnología. Pero a los estantes de la biblioteca ya se le saltan las costuras, y hay libros extranjeros de más difícil obtención (en España prefiero comprar en librerías). Mi primera adquisición ha sido un libro del poeta británico Glyn Maxwell, On Poetry, del que había leído buenas críticas. Sobre mi experiencia lectora con el Kindle, lo mismo en el ordenador que en el móvil, hablaré aquí próximamente.