lunes, 12 de noviembre de 2012

Traducir y escribir



Por si no me creían a mí, he leído una respuesta de Eduardo Mendoza en la charla que he dado esta mañana a alumnos de Traducción e Interpretación en la Universidad Pablo de Olavide. Preguntado por Guillermo Busutil si ser traductor le ha enriquecido como escritor, contesta el autor de La verdad sobre el caso Savolta: "Es fundamental para conocer el lenguaje. Lo único que le recomiendo a la gente joven que me pregunta qué tiene que hacer para escribir es que traduzca, aunque no sea de manera profesional, porque ese trabajo de desmontar y de volver a montar lo que han hecho otros y ver en qué consiste el artificio es una lección impagable. Traducir te hace adquirir una mejor conciencia del lenguaje escrito y también aprendes a adiestrar el oído para las frases escritas." 
Siempre lo he pensado y dicho de diferentes maneras, hasta el punto de que reconozco que la solvencia que tenga, o no, en el arte del verso ha ido pareja a la que posea en el de traducirlo. Pelearme, por ejemplo, con los Sonetos de Shakespeare, sobre cuya traducción recuerdo precisamente haber hablado con Mendoza hace unos años aquí en Sevilla, me ha permitido más que ningún aprendizaje escribir endecasílabos propios venciendo mi inicial torpeza y ver ese mecanismo del que él habla. Por cierto, que en la cena, compartiendo mesa con su editora de Seix Barral (¿o fue el día antes?), el novelista me dejó con la miel en los labios cuando me dijo que tenía una observación que hacerme sobre mi versión de uno de los poemas del inglés. No recuerdo bien qué lo impidió, pero luego no hemos vuelto a coincidir, ay.