sábado, 15 de diciembre de 2012

Fats Food




No, no es una errata. Este artículo trata sobre los locales de comida rápida, sí, pero también sobre lo que allí se expende, que por sus características habría que denominar grasas, fats: comida grasienta y no solo por su contenido demostrable en laboratorio, sino por su exterior demostrado en las calles; la pringue, la mugre que de los restaurantes de este tipo sale a nuestras ciudades como si estas fueran un amplio e indiscriminado cubo de basura.
            En muchos países ya se gravan las bebidas carbónicas y ciertos tipos de alimentos perniciosos con una tasa, si no del todo disuasoria, sí que pueda contribuir a paliar los gastos que ocasionan al sistema de salud la atención a obesos y otros enfermos.
            Tal vez en poblaciones más civilizadas las hamburgueserías y similares, los locales de fats food como vengo en llamarlos, no sean nocivos más que para los que se infligen el castigo de someterse a esa dieta. En Sevilla, sin embargo, la cochambre de esas grasas se extiende de manera tal que no sería ocioso arbitrar medidas que impidan que los alrededores de tales centros patógenos sigan siendo también una patología para la vista, con su suciedad, con su pocilga ambulante.
            Basta pasear cerca de esos lugares para comprender a qué me refiero: a esos vasos de sospechosos materiales, a esa bolsas aceitosas, a esas servilletas de celulosa hechas gurruños, a esos desechos. Sevilla, a tenor de parte de su paisanaje, debería cobrar un impuesto especial a estos negocios de forma que, al revés de lo que suele ser costumbre en otros lares, aquí cueste más el take-away que el menú para tomar sentado a la mesa del establecimiento. Una cifra que debería ser lo bastante alta como para que el niñato y la niñata, o el niñat@ con su arroba porcina, se lleven la basura puesta solo en su anatomía y no como inminentes restos arrojadizos al suelo o para dejar sobre un banco que, a sus ojos, suele ser sinónimo de estercolero.
            Pero para que este sobreprecio no lo burlasen los espabilados tal vez habría que obligar a los hosteleros del ramo a no serlo, por una vez, de comida fats sino fast… fastuosa en el servicio: poniendo vasos de cristal de Bohemia y vajillas de Sèvres. Esto impediría que los sacaran a la calle. Un vigilante del establecimiento lo impediría, sin duda.
            Nuestra ciudad estaría así mucho más limpia y vendrían turistas de todo el ancho mundo a conocer los más lujosos burgers de aquí (que por cierto, burger en puridad significa ciudadano, algo que debiera ser inseparable del civismo).

(El Mundo, edición de Sevilla, 14-12-12)

No hay comentarios: